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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleLos Bordes de la Filosofía: Educación, Humanidades y Universidad. México, Ítaca, 2013. Ángel Xolocotzi y José Antonio Mateos Castro

Lic. Citlali Victoria Sarmiento - Universidad Autónoma de Tlaxcala, México
Recensión

En un tiempo en donde los problemas sociales ahogan nuestras relaciones personales e interpersonales, en donde vemos crimen y violencia por doquier, en donde nuestra realidad nos invitaría con urgencia a abordar y cuestionar los problemas que nos aquejan y nos acontecen a diario, surge la pregunta obligada, ¿para qué las humanidades? ¿Por qué en medio de ese violento caos, existen aún las humanidades? ¿Por qué nos damos cita aquí para hablar de las supuestas crisis y problemas que presentan las humanidades, si lo que hay que cambiar se encuentra también fuera de las aulas escolares?

Éstas y otras preguntas afines, son las que convocan a los autores a dialogar desde sus propios horizontes de interpretación y mostrarnos desde ahí, que aún es posible seguir pensando y cultivando las ciencias humanas. El diálogo que se establece y considero pertinente acomete a la verdadera realidad en que se encuentran sumergidas las humanidades, problemas que van desde el conflicto que enfrentan con las ciencias naturales hasta el verdadero papel de la universidad, pasando por las comunidades emocionales hasta una ética de la responsabilidad y la cultura de paz.

En el libro, Los bordes de la filosofía, encontramos diversos planteamientos que se encuentran estructurados en cuatro apartados que corresponden a Filosofía, Educación, Humanidades y Universidad. En el primero, se aborda la cuestión del quehacer de la filosofía reconsiderando la función social de ésta última en el marco de las tendencias y políticas educativas, además de reflexionar en torno a la dificultad que entraña la relación ciencia-filosofía. Aquí, Mateos Castro y Vázquez García, consideran aquellas que son las condiciones necesarias para un libre ejercicio de cátedra, investigación y enseñanza de la filosofía, ya que ésta, y en general las humanidades, se ven afectadas por la expansión del mercado, los fenómenos mundiales como globalización e innovación tecnológica, en donde la educación se inserta en una lógica mercantilista; esto nos lleva a lasreflexiones de Vanessa Hurtado y Ángel Xolocotzi que se avocan a decirnos cuáles son las razones, por las cuales se suscita un desaliento en la filosofía. La primera causa de desaliento de la filosofía es la pérdida de la imagen del filósofo como aquel que poseía conocimientos amplios desde filosofía hasta matemáticas. La segunda causa, deviene cuando se pretende enfrentar la productividad y eficacia de las ciencias naturales con las ciencias humanas. La tercera razón, es el hecho de que la filosofía busque el fundamento de todo cuanto hay y, por eso se precisa distinguir- dicen los autores- entre aquello que es cuestionable y explicable y aquello que es digno de ser cuestionado y explicitado. La cuarta razón de desaliento de la filosofía es su esterilidad práctica. El tercer escrito de este apartado, versa sobre el doble camino filosófico de Heidegger hacia la ciencia en donde Ángel Xolocotzi y Pablo Veraza destacan dos tipos de amenaza de la ciencia, una intrínseca y la otra extrínseca. La primera refiere al primado del método que ha usado y la segunda, al lugar o lugares en donde se hace ciencia. Para comprender esto, se precisa saber qué es lo Heidegger entiende por ciencia y esta forma peculiar de Heidegger de entender la ciencia, se traduce no ya como un descubrir nuevas cosas sino un nuevo modo de interrogarlas y verlas.

En el segundo bloque, se reflexiona sobre una transformación humana, necesaria hasta cierto punto, desde las diversas posturas filosóficas, la educación universitaria y desde los posibles humanismos. Este apartado inicia con la disertación de Gerardo Ruíz y Ángel Xolocotzi con respecto a la educación formal y su vocación asumiendo una postura heideggeriana. Lo que se cuestiona en primera instancia es la dimensión institucional de la educación, que más allá de lo epistemológico y didáctico, encierra una vocación histórica. Además de esto, se pretende mostrar la relación entre Heidegger y el ámbito pedagógico, partiendo de la estructura ontológica que el pensador denominó Dasein. Aunado a la anterior reflexión, encontramos la que cuestiona el sentido de la educación y la eticidad en tiempos de la eficiencia, en donde Miguel de la Torre reconoce tres hilos que definirían a la educación como un proceso eticizador. El primero, consiste en reconocer que el problema es “tener que hacerse” el segundo, se refiere al reconocimiento de que una función de la educación es rescatar la visión antropológica, y el tercer aspecto es que la educación no se reduce a la reproducción de los valores y la cultura sino de una configuración de la conducta ética que sea una respuesta a la interpelación del otro. De ahí que la educación sea mucho más que preparación y capacitación para el trabajo y el desarrollo económico. En este mismo apartado, Ana Marcela Mungaray y Rosa María González reflexionan sobre los vínculos emocionales que se establecen en la escuela, entendida ésta como el espacio de integración primaria, pero además atiende al hecho de reconocer estas comunidades dentro de la escuela, al mismo tiempo que se reconoce la importancia de las emociones para la convivencia pacífica y en el ensayo final, Alberto Isaac y David Estrada, recuperan el símbolo Sí-mismo para lograr la madurez existencial a través de aquélla estructura psíquica trascendente. Este sí-mismo, viene de los trabajos que realizó el psiquiatra Carl Gustav Jung quien propone reformar los criterios con los cuales se valoraba la capacidad de aprendizaje de los niños. De este modo Jung afirmará- dicen los autores- un humanismo pedagógico.

La tercera parte del libro reflexiona en torno al Humanismo, y aquí encontramos la manera en que algunos autores, como Gianni Vattimo, miran al humanismo hasta la propuesta de considerar a Descartes como humanista, pero también reflexiones desde Adam Smith; sin embargo, los autores que participan en esta parte del libro, ofrecen elementos que nos permiten repensar el sentido de las humanidades en el mundo contemporáneo. Así, en la primera reflexión Ricardo Gibu y Pável Maldonado siguen a Vattimo y presentan la doble crítica a la supuesta exactitud de las ciencias naturales. Esta doble crítica, consiste en señalar la imposibilidad de la ciencia natural de abarcar la totalidad de lo real y la incapacidad que tiene de reducir la realidad a una práctica experimental. Por ello, Vattimo considera que si todo el mundo se reduce al resultado de un experimento entonces “el ser del hombre […] deviene informulable en términos racionales”1; por su parte, Eduardo Musito pregunta si aún es pertinente seguir pensando y cultivando las humanidades no sólo cuando se trata de legitimarlas frente a las ciencias experimentales sino también al momento de problematizar al hombre concreto e individual. El autor rescata el diálogo con el otro, como un elemento fundamental en las búsquedas de sentido que emprendemos los sujetos particulares dentro y fuera de las instituciones en donde se cultivan las ciencias humanas. Así como se nos ofrece la reflexión sobre la búsqueda de sentido y la mirada de Vattimo al humanismo, también encontramos la reflexión sobre el hecho de que toda enseñanza de las humanidades debe considerar su postura epistemológica y, para explicar este asunto Cisneros Arellano parte de la polisemia de las palabras. Con esto se señala, la primera dificultad epistemológica de las humanidades y las ciencias sociales, es decir que las cosas se abordan “no desde la multiplicidad existente sino desde la multiplicidad del lenguaje”2. El tercer ensayo de esta sección, Fernando Huescanos invita a considerar la reflexión que realizó Adam Smith con respecto a las posibilidades culturales del estudio de las humanidades. Así, no sorprende que el trabajo de Smith muestre consideraciones sobre la constitución de los estudios filosóficos, su relevancia y viabilidad en el contexto de la sociedad del siglo XV en Europa. Más allá de lo anterior, Smith reconoce que son los filósofos los que han escudriñado “el firmamento, la Tierra, las profundidades de la psique humana” y sin duda ofrece argumentos que evidencian la miopía de la práctica neoliberal de los tecnócratas actuales. Los últimos dos artículos de este apartado, nos proponen, por un lado, rescatar el supuesto humanismo de Descartes dado que el principal propósito del filósofo es tematizar al ser humano poniéndolo en el centro de la reflexión filosófica, objetivo que persigue Ana Karen Rojas. Por otra parte, el ensayo final, siguiendo la hermenéutica de Gadamer, Mario Díaz propone al diálogo y la historia, el primero como un encuentro con uno mismo para poder mirar hacia dentro y lo segundo como la posibilidad de repensarnos a través del primero.

La parte final del libro está dedica a la Universidad, aquí hallamos las reflexiones sobre el papel que juegan las humanidades dentro de las universidades, pero principalmente se discute en torno al papel de la universidad en la actualidad. Siguiendo lo anterior, el primer ensayo piensa la labor de la universidad desde los planteamientos de Derrida y el proceso de deconstrucción, entendido no ya como destrucción sino reconsideración Herminio Núñez aborda primero lo que debería ser la universidad moderna, es decir, ser sin condición. Esto implica el derecho de la misma de “decir públicamente todo aquello que sea exigido por la investigación, el conocimiento y el pensamiento concernientes a la verdad”3esto significa que la universidad debe ser sin condicionamientos. El segundo artículo, está guiado por la pregunta ¿hacia dónde caminan las humanidades en el siglo XXI? Y por ello Picos Bovio describe algunos elementos de conceptualización de las humanidades en la llamada sociedad del conocimiento, para posteriormente ubicar la pertinencia de la filosofía como una actividad propia de la condición humana en el pasado y en el presente. Destaca que una de las tareas principales de la filosofía es lograr una metamorfosis de sí misma para avalar su sobrevivencia y señala que uno de los rechazos a la filosofía es el que gira sobre la idea de su “valor” en la sociedad globalizada; el segundo se desprende del primero, pues ya que si no es algo útil entonces es un “lujo” además costoso e inútil. El autor, siguiendo a Hadot, señala que el valor de la filosofía no reside en incrementar la productividad y sin embargo tiene un papel indispensable en la vida. La propuesta que presenta Rubén Mendoza de Formar en la responsabilidad y la cultura de paz consiste en una ética de la responsabilidad y la formación para la paz; la primera centrada en la ética discursiva y la segunda en la transformación de los conflictos.Dicha ética de la responsabilidad descarta el sentido utilitario porque aspira al beneficio de la comunidad, con respecto al segundo aspecto que es la paz trascendente, el autor sigue a Johan Galtung, el cual señala que el conflicto es una condición humana, así pues, lo que se busca es trascender el conflicto para lograr la convivencia humana en una cultura de paz. Finalmente, se concluye el libro con la reflexión de Vergara Garay sobre las presiones que ejercen los grupos económicos y de poder a fin de privatizar los sistemas educativos nacionales, para convertirlos en otra fuente de lucro al mismo tiempo se cuestiona, el sentido de la educación y formación universitarias, además del cambio al que son sometidas con el supuesto propósito de hacerla de mayor calidad y competitiva y que sean capaces de responder a las demandas sociales.

Lo anterior ha sido un somero análisis de las reflexiones e inquietudes de los que han participado en la conformación de este libro. Asimismo, dichas inquietudes nos convocan a establecer un dialogo no sólo con nuestro quehacer sino con el sentido de nuestras búsquedas, con la pertinencia o no de la reflexión filosófica en la era de la globalización, en donde pareciera que la filosofía se encuentra atrapada. Sin embargo es casi imposible pensar que exista una relación entre ciencias del espíritu y ciencias de la naturaleza, y lo más que llega a aceptarse es que una está muy por debajo de la otra, y por lo mismo se encuentran separadas. Bajo esos términos, sería inútil emprender una defensa de la filosofía frente a la pobreza de pensamiento imperante en estos tiempos, más bien su justificación está dada por sí misma y “es posible porque es real. Y su existencia real parece ser en sí misma su propia justificación” 4como lo señala Brentano. Es así que, no sólo las ciencias naturales tienen algo que decir, por ello se exhorta a abrir los oídos del pensamiento para que pueda escuchar lo que en la actualidad parecen ser ecos, ecos que nos llaman. Esto significa que no sólo la filosofía debe darse cita en estos espacios, también el resto de las ciencias humanas. No para debatir la verdad de sus postulados, sino para compartir las perspectivas que se tienen del mismo objeto de estudio, es decir, lo humano. En ese sentido, Los bordes de la filosofía se presentan ahí en donde ella termina, y en donde ella termina, acontecen el resto de las disciplinas humanas; no porque hablen en particular de lo humano, sino porque es el sujeto humano quien intenta decir algo de sí, el que se involucra en el hecho mismo para comprender lo que suscita, no ya desde una prueba experimental sino desde su estar-en-el-mundo. Es por esto, que la filosofía tiene el compromiso irreductible de no encerrarse en sus propias categorías, de replantear sus objetivos y fortalecer el sentido de su propio quehacer, analizar y atender las necesidades sociales, para, finalmente “comprender el sentido múltiple de la acción humana”5.



1Vattimo y Paterlini, citado por Ricardo Gibu y Pável Maldonado. “Una mirada al humanismo desde la filosofía de Gianni Vattimo” en Ángel Xolocotzi y José Antonio Mateos.Los bordes de la filosofía. Educación, Humanidades y Universidad. México, Ítaca, 2013, p. 121.

2 José Luis Cisneros. “Reflexiones epistemológicas en torno a las humanidades y las ciencias sociales, aproximación a criterios limite” en Los bordes… Op. cit. p. 141.

3Derrida citado por Herminio Núñez “Derrida, la universidad, las humanidades y la literatura” en Los bordes… Op. cit. p. 190.

4Ídem. p. 36.

5 Mateos, José Antonio y René Vázquez. “La función social de la filosofía en el marco de las políticas y tendencias educativas actuales” en Los bordes de la filosofía, México, Ítaca, 2013, p. 25.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 20 / 2015




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