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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleDeixis en Fantasma1; Notas de Derrida sobre el simbolista Mallarmé

Dr. Gabriel Restrepo2 - Universidad Nacional

Intervención en la Cátedra Derrida3, organizada por el Instituto Pensar de la Universidad Javeriana.


Resumen
Se examina el concepto de deixis en fantasma – título del ensayo - , en la covicción de que toda deixis en una tradición metafísica es deixis en fantasma. En otros términos, el horizonte de indagación que aquí se esbozará apunta a indicar que pese a los pensadores de la sospecha, pese al martillo de Nietzsche, pese a la destrucción de Heidegger (Zerstörung) y pese a la desconstrucción de Derrida, la tradición de la metafísica es más resistente e insistente de lo que parece y que la promesa abierta por este pensador debería tomarse apenas como el principio de una tarea que es imperativa porque sin ella no puede pensarse lo que ha sido impensado por el logocentrismo, el eurocentrismo, el androcentrismo (no sólo limitado al pensamiento del hombre sobre el hombre con exclusión de lo femenino, sino como pensamiento de la especie con narcisismo de especie y devaluación del bios y del zoe) , el etareocentrismo (el pensamiento del sénex en las culturas arcaicas, el pensamiento del homo faber en la modernidad), el etnocentrismo, los solipsismos y tantas otras formas de jibarismo filosófico (una reducción de cabezas inimaginada incluso por la Navaja de Ockham.
Palabras clave
Derrida, desconstrucción, metáfora, Heidegger, humanismo, Mallarmé, simbolismo, Freud, cuerpo, espectros, Nietzsche.

PREÁMBULO
UN PREÁMBULO Y SEIS ENVIONES EN TORNO A LOS DEÍCTICOS AHÍ, DA, ALGUIEN, ALGUNO, CUALQUIER CUERPO, CUALQUIER LUGAR, CUALQUIER MUNDO, ESTO, ESO, ELLO, DENTRO, FUERA.

En la definición del deíctico – que se ofrecerá más adelante- , es decir, de aquello que en el lenguaje nos sirve como expresiones de polo a mundo e indicaciones de sujeto, tiempo o espacio, ya aparece lo fantasmal. En la presencia, la ausencia, como analizara de modo magistral Giorgio Agamben en El Lenguaje y la Muerte, un seminario sobre el lugar de la negatividad (Valencia, Pretextos, 2003), al encontrar la correspondencia entre el examen hegeliano del ESTO, DIESE, en La Fenomenología del Espíritu (ESTO demuestra ser NO ESTO tan pronto se lo menciona, al igual que dice Hegel del ser humano que: es lo que no es, y no es lo que es) y el DA, el AHÍ, como atributo del ser en Heidegger (como exploraremos el ser ahí no está ahí en el mundo como quisiera Heidegger según el enunciado, o mejor dicho, su mundo no es el mundo porque deja por fuera la multitud y la diferencia del mundo: para adelantar, por ejemplo, su reflexión en torno a la sexualidad es casi nula, pese a lo que indica Derrida en su ensayo “Geschlecht, difference sexualle, différance ontologique”, en Cahiers de l´Herne, Heidegger. Paris, Biblio, 1983: 571 - 595).

Consideraremos más abajo la definición de la deixis y nos fijaremos en el concepto de deixis en fantasma – título de mi ensayo - , porque nuestra sugerencia de trabajo apunta a que toda deixis en una tradición metafísica es deixis en fantasma. En otros términos, el horizonte de indagación que aquí esbozamos apunta a indicar que pese a los pensadores de la sospecha, pese al martillo de Nietzsche, pese a la destrucción de Heidegger (Zerstörung) y pese a la desconstrucción de Derrida, la tradición de la metafísica es más resistente e insistente de lo que parece y que la promesa abierta por este pensador debería tomarse apenas como el principio de una tarea que es imperativa porque sin ella no puede pensarse lo que ha sido impensado por el logocentrismo, el eurocentrismo, el andocentrismo (no sólo limitado al pensamiento del hombre sobre el hombre con exclusión de lo femenino, sino como pensamiento de la especie con narcisismo de especie y devaluación del bios y del zoe) , el etareocentrismo (el pensamiento del sénex en las culturas arcaicas, el pensamiento del homo faber en la modernidad), el etnocentrismo, los solipsismos y tantas otras formas de jibarismo filosófico (una reducción de cabezas inimaginada incluso por la Navaja de Ockham 4).

Lo cual implicaría, con venias al espectro de Derrida, incluso desconstruir la desconstrucción, el mejor homenaje que se le puede rendir a un maestro, pensar lo impensado en él, como él mismo indicaba en relación a Heidegger en El Espíritu y como en forma balbuceante he intentado con algunos temas en el libro inédito Fiesta, Caridad y Ahorro. Excurso sobre el carisma social y la Pentecostés en vísperas del Bicentenario de la Independencia.

Aquí, como en ese libro, y en buena medida inspirado en unas magistrales notas de Derrida sobre el simbolista Mallarmé y sus metáforas sobre el canal de Panamá, Lesseps, la licuefacción del oro, la analogía entre dinero y moneda, lengua y habla (analogía que podría extenderse al capital muerto y el trabajo), al falo y a los miembros de la sexualidad, cada uno de ellos, reparemos bien en ello, con sus cancerberos, Fondo Monetario Internacional, Academias, Capitalistas, corporaciones psicoanalíticas, el compás de nuestra búsqueda ha sido trazado por Mallarmé, en muchísimos sentidos.

El primero, la promesa de la justicia, que en tantos escritos (Fuerza de Ley, Espectros de Marx, entre muchos otros) retoma Derrida en el mismo sentido religioso mesiánico:

“ A pesar de todo sobreviviría, común aceptación de una entre las Quimeras, la religión, en esta prueba liminar, la Justicia” (Mallarmé, Variaciones sobre un Tema, México, Vuelta , 1993: 104).

El segundo, el pensamiento del advenimiento o del acontecimiento inaugurador de la justicia y de la paz como uno de carácter mesiánico, sí, pero en Mallarmé por la vía estética, algo en lo cual sigue a Schiller, a la tradición romántica y que recuerda ese monumental poema de Hölderlin, Fiesta de la Paz, algunos de cuyos versos leemos ahora para dilucidar algunos conceptos (y que sea homenaje a Rafael Gutiérrez Girardot, el traductor):


“Un sabio puede esclarecerme mucho; pero donde

aún aparece un Dios,

hay allí empero otra claridad.

Mas no de hoy, no sin anunciación es él

Y uno que no ha temido ni el torrente ni la llama,

se sorprende, porque se ha hecho silencio, no en vano, ahora,

cuando por ninguna parte se ve maestría en los espíritus y

en los hombres (preferimos maestría a dominación como traduce el apreciado Gutiérrez Girardot).

Porque oyen la obra

preparando desde hace tiempo, desde la mañana hasta la tarde,

tan sólo ahora,

pues ruge infinitamente, extinguiéndose en la profundidad”.

No olvidemos que este es el mismo poema en el cual se enuncia esa polifonía ecuménica que fuera materia de examen de Heidegger en Arte y Poesía y que nos servirá más adelante como piedra de toque para examinar si el ser, el ser ahí, está en verdad en la casa del mundo a través del lenguaje y de qué lenguaje y de qué diálogo: en otros términos, para saber si ese diálogo es capaz de escuchar la obra de la que habla el poeta. “Porque oyen la obra”. La obra en alemán es das Werk. que quiere decir trabajo, es decir, si la filosofía es capaz de escuchar en el advenimiento del trabajo el trabajo del advenimiento como lo ensayaran Schiller, Hegel y Marx con tantas premoniciones acertadas, pero también con tantos equívocos, mayores en los dos últimos.


“Desde la mañana,

desde cuando somos un diálogo y oímos los uno de los otros,

mucho ha sabido el hombre; mas pronto somos canto.”


Ese canto, esa polifonía ecuménica, es la promesa del advenimiento de un multitud reconciliada consigo misma y con su casa mundo, la ecumene: es la promesa de redimir el heimweh (la nostalgia, el dolor de casa) hecha a los homeless (los sin casa, los habitantes de la tierra), en un homing, término que en biología se aplica a las especies con un pilotaje para el retorno a un lugar y que aquí designa la habitación con decorado de justicia de una casa-mundo hasta ahora en estado de obra negra, de nigredo, de ennegrecimiento en la acepción negativa de la alquimia. La casa prometida en la misma historia de la humanidad.

Y éste es el tercer motivo de tomar a Mallarmé como guía, pues el concepto de multitud, tan en boga hoy, ya había aparecido en el poeta con el mismo acento que reclaman Agamben, Negri y Hardt, algo diferente por entero a la masa, por lo cual se aplica la metáfora de una posible polifonía ecuménica y por lo tanto ni algarabía ni monofonía, sino concierto de lo múltiple, afinidad o espíritu de fineza en la conciliación de la antítesis de homogeneidad y heterogeneidad, algo que impone, de paso, el pensamiento de movimientos sociales y políticos basados en la diferencia y no en la compulsión de creencias uniformes y por tanto una reflexión a fondo en torno a la constitución de subjetividades liberadas de los sujetamientos (y las huellas de esclavitud y explotación que perviven en el modo contemporáneo de subyugación). En otros términos, una estética de la política y de la filosofía, que ya preanunciara de modo genial Federico Schiller, del cuya muerte se conmemoran ahora doscientos años.

Y que se plasma de modo estelar en Mallarmé en un pasaje muy citado por Derrida y que fuera para mí la vía de acceso al simbolista a través del argelino, releído de un modo obsesivo veinte veces desde hace más de diez años. Allí habla justamente de La obra (das Werk en alemán, grand oeuvre, en el francés de Mallarmé, sin olvidar que obra de la que también viene obrero es una palabra que desde la raíz latina opere está relacionada con el trabajo):

“Alguna deferencia, mejor, respecto del apagado laboratorio de la gran obra, consistiría en recuperar, sin humo, las manipulaciones, venenos, enfriados de distinto modo que en la pedrería, para continuar por la simple inteligencia. Como solo están abiertas, a la búsqueda mental, nada más que dos vías, en las que se bifurca nuestra necesidad, a saber, la estética de un lado y la economía política del otro: de ésta última concepción, principalmente, la alquimia fue el glorioso, temprano y turbio precursor. Todo lo que es igualmente puro, como falto de un sentido, antes de la aparición, ahora, de la multitud (léase bien, G.R.) , debe ser restituido al dominio social (subrayemos esto, la obra de la restitución como una obra de justicia – esto y no otra cosa es el mesianismo, la redención jubilar, la remisión de las deudas, la zedaqa judía y la sadaqa árabe, que tanto recuerda Derrida de Marcel Mauss, y por ende podría hablarse de una restitución filosófica como premisa de una restitución social, paréntesis de G.R.). La piedra nula, que sueña el oro, llamada filosofal: Pero, en las finanzas, ésta anuncia el crédito futuro, que precede al capital o lo reduce a la humildad de la moneda (fue obra de Newton trasladar como Gerente de la Casa de la Moneda las metáforas de la gravitación universal a la gravitación financiera, G.R.) . ¡Con qué desorden se persigue eso, en torno nuestro y qué poco se comprende! Me molesta casi proferir estas verdades que implican netas, prodigiosas transferencias de pensamiento, así, escritas de corrido y con pérdida (podría decirse que sigue siendo válida esta queja de Mallarmé, porque hasta donde yo sepa nadie, excepto el suscrito en su libro de balbuceos, ha ensayado ese nexo crucial de la física y la economía política hecho por Newton y decisivo para comprender el mundo actual regulado por los flujos financieros, G.R.)” Mallarmé, Variaciones sobre un Tema: 123 a 124.

Dos vías. Primera vía, la economía política: es el mundo tal como ha llegado a ser por la crematística, con el destierro de la economía (oikos nomos, justa regulación de la casa por medio de la piedad), salida de madre, desentrañada, injusta, espectral, plena de Moiras, fantasmas, sin retorno equivalente proporcionado al trabajo, porque aparece como capital muerto, revenue (ganancia) que arrastra con su plusvalor los fantasmas (revenant) de una multitud minusvalorada, Moloch, Leviatán, Midas de una feroz hybris y libido possidendi y dominan que engulle y devalúa al trabajo vivo, físico o mental, en la actualidad bajo la figura que Guy Debord examinó de forma impecable hace ya casi cuarenta años en La Sociedad del Espectáculo, una inversión fantasmagórica del mundo y que Marx Augé designa ahora como efecto de la pantalla líquida, el gran espejo de Narciso del capital.

Y una segunda vía, la de una estética que tendría la tarea de pilotear el retorno a una nueva casa (se comprenderá la paradoja); el homing; el regreso de la economía, esta vez como economía de ecumene; la justa repartición del trabajo, Das Werk, la obra acumulada por la humanidad; el pagamento a la tierra, al bios y al zoé como obligación solidaria para amortiguar la deuda que se contrae en el ciclo de la cadena trófica – según la mitología y el ritual kogui-; saldar cuentas con el heimweh, con esa nostalgia, dolor en el regreso a casa, insoluta desde que Odiseo no solamente llevara la guerra a Troya, sino a su casa. Tarea pendiente y aplazada – en differance, se diría – la de Telémaco – sus sucesores - en la reconciliación de lo global y lo local, del universo masculino y femenino, de casa y mundo, de edades, pueblos, creencias. Fracaso del tejido de Penélope puesto que una vez vuelto Odisea a Itaca no tardó mucho en volver a la aventura de la crematística y de la guerra: la tela que se cose en el día se sigue destejiendo en la noche en un mundo desgarrado; el koinon o espacio público por el que velaría una tradición filosófica desde Heráclito se angosta por la doxa, y a veces peor por una episteme que se torna lugar común y es más difícil de erradicar que el hábito de la doxa, o, peor, por una sociedad del espectáculo heredera hoy del circo (ver Guy Debord, La Sociedad del Espectáculo, versión en español en Internet; ver Sloterdijk, Peter, Burbujas II. Madrid, Siruela, 2000). Los pretendientes asedian esta gran casa del mundo que es Itaca global.

El pasaje de Mallarmé está en el libro Variations sur un sujet, Variaciones sobre un tema (y nada menos que bajo el acápite de “Magia”, con alusión a la novela de Huyssmans, Al revés), pero con la polisemia propia del simbolista, también son variaciones en torno a un sujeto, una suerte de Mesías estético o estética (¿por qué un Mesías, por qué no una Mesías, porqué no una multitud de Mesías?), sobre cuyo advenimiento es críptico: su lugar es un no lugar (es la encarnación de la utopía, otro lugar, distinto a Francia e Inglaterra: “Por consiguiente – dice – el lugar no es aquí”: se trata entonces de un deíctico que al mostrar esconde), su tiempo es un no tiempo, (es la ucronía, otro tiempo, más tarde, la obra abunda en cuentas cifradas de tiempo. Por lo mismo, otro deíctico que al decir calla). Y su modo de obrar o de advenir es el revés (respecto a la economía política) – de ahí la referencia a la novela de Huyssmann- o para precisar muy bien el asunto, su modo de proceder es por la vía del revés del revés – se diría como ocurre en la mitología kogui con el mito y el ritual del tej