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Revista Observaciones Filosóficas


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EDITORIAL N° 21 y 22 - 2016

REVISTA OBSERVACIONES FILOSÓFICAS

Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director

¿Qué es filosofía? o en qué consiste esta actividad que acontece en y por medio del lenguaje, consiste en formular preguntas que se van sucediendo y complejizando, formando el cuerpo de las ciencias particulares.

“Filosofía”, en el sentido vago y corriente de la palabra, acontece doquiera el hombre cavila sobre sí, doquiera se queda consternado ante la incomprensibilidad de su estar-aquí, doquiera las preguntas por el sentido de la vida emergen desde su corazón acongojado y trémulo. De este modo se le ha cruzado la filosofía casi a cada hombre alguna vez – como un sobresalto que nos estremece de súbito, como una aflicción y melancolía al parecer sin fundamento, como pregunta inquieta, como una sombra oscura sobre nuestro paisaje vital.

La filosofía,  en tanto pensamiento crítico y metódico, también aúna saberes y disciplinas muy diversos, desarrollando estilos cognitivos, formas de preguntar, criterios de verificación, formas de acuerdo y estrategias de sobrevivencia. Nada es ajeno a la filosofía. La filosofía no tiene un objeto formal propio, esto es, una materia o un cuerpo de contenidos del cual específicamente trate. Cualquier objeto o hecho puede revestir un interés filosófico si se lo interroga por sus primeras causas, naturaleza o sentido último: una demostración matemática, un modo de organización política, la danza contemporánea, una comedia, nacer o venir al mundo, la muerte, el destino ‘funesto’, los misterios regocijantes, el reglamento del ajedrez, el catenaccio italiano, la naturaleza de un juego;  seguir reglas, o no seguirlas, el anti-futbol, la antipoesía, un sistema financiero, un diseño de moda o una construcción arquitectónica, la ética kantiana, la sociedad del espectáculo, la intimidad o la globalización, el hombre como pastor del ser, la acrobacia o las comunidades aladas, etc. La filosofía es, así, un enorme apetito de transparencia y una resuelta voluntad de mediodía. Su propósito radical es traer a la superficie, declarar, descubrir o develar lo oculto.

Pero ¿qué sucede si el filósofo deja de hacer preguntas? Si enmudeciera … Si el estado de ánimo de la filosofía no fuera otro que el desasimiento, talante propio de hombres apáticos y sin afecto natural. Ya no se llegaría a hablar de lo que antes era un amor a la sabiduría. Ya no hay ningún saber del que se pueda ser amigo (philos). Ya no existe la capacidad para hacer amigos a través del texto, la palabra se extravía y ya no se sabe cuándo ni dónde fue posible semejante amor o pasión, dónde se hizo por vez primera semejante profesión. Si hubo 'alguna vez'. El silencio de los profetas es una tragedia inmunitaria. Ya no estamos blindados ni asegurados ante las nuevas reconfiguraciones del mundo y sus potenciales amenazas.  Es  la perdición de quienes se habían acostumbrado a dejarse sorprender (Thaumazein), a cavilar y ser desafiados por preguntas, en apariencia, extravagantes, pero que anunciaban a los hombres por venir o el futuro de lo humano, poshumano, transhumano o inhumano.

La filosofía es, así, un enorme apetito de transparencia y una resuelta voluntad de mediodía. Su propósito radical es traer a la superficie, declarar, descubrir o develar lo oculto o lo porvenir.

2.-

El hombre contemporáneo ha devenido en una fábrica de sí, hiperactiva, hiperneurótica, que agota cada día su propio ser diluyéndolo en un sin fin de actividades. Ha estallado el simulacro anunciado por Baudrillard. Hemos  terminado por ahogar las fuerzas creativas de las sociedades occidentales bajo la falsa promesa de la eterna productividad y las nuevas formas de la vigilancia en la sociedad de control.  Estamos, ante un “enjambre digital” que lejos de ampliar la participación, implica una despolitización de la sociedad. Después del caso Snowden en 2013 (la denuncia del espionaje masivo por las agencias de inteligencia de los Estados Unidos), la idea de un panóptico digital no sólo no parece descabellada, sino bastante certera, ya que recela de la fotografía digital, Twitter, el teléfono inteligente, el correo electrónico y las Google Glass.

El hombre es un animal hiperbólico, una exageración. Hay que aprender a desear, pero no esperar demasiado. En el intertanto tenemos que vivir. La vida no se puede suspender ni postergar –el juicio sí–. Ser un proyecto siempre inconcluso nos hace esclavos de nuestros sueños. Sin embargo, que duda cabe, el futuro y sus previsiones no debe ahogar mi presente, ni abolir el   riesgo o mi libertad para equivocarme ¡Todos vivimos, en parte, de anticipaciones de nosotros mismos!

El ser humano, como término correlativo a la técnica, es el resultado de un des-ocultamiento, que desvela su modo de salir de la naturaleza hacia la cultura técnica. Sloterdijk sostendrá que es a través de la noción de antropotécnica por la que el hombre des-oculta los caracteres latentes de su prehumanidad. Es a causa de su infradotación orgánica que el ser humano despliega su potencial técnico. No es, entonces, que el hombre haga "uso" de la técnica, sino que el hombre es, en sí mismo, un animal técnico.

La filosofía alemana universitaria ha padecido, después de las últimas propuestas creadoras (Heidegger, Adorno, Bloch), una esclerosis múltiple que ha alertado sobre su defunción. 

Alemania se ahogó en un estéril academicismo que ha terminado por cercenar toda su gran vena creadora, y que hasta Adorno y Heidegger había poseído una continuidad asombrosa: de Leibniz a Nietzsche, de Kant a Husserl, de Schelling a Cassirer. Sólo se han trazado, en las últimas décadas, proyectos sincréticos, como el de Habermas, limitados a la teoría política, pero sin ese estremecimiento de emoción y razón que caracteriza a toda verdadera propuesta filosófica. Una inflación de virtuosismo académico ha asfixiado la creatividad. La sombra del nacionalsocialismo ha castrado toda una generación filosófica que ha preferido formarse en tradiciones ajenas, especialmente anglosajonas, a fecundarse en las propias.

3.-

La “filosofía” hoy, se confunde con frecuencia con sucedáneos, con formas ensayísticas sin pulso metafísico, con periodismo de ideas sin aliento ni emoción–.

Vivimos un momento de decadencia del tipo general humano, del empequeñecimiento de sus formas de vida, del hipnotismo de sus juegos de lenguaje, la instrumentalización de las relaciones ciudadanas y del enfrentamiento oriente–occidente, atmoterrorismo, atentados y fundamentalismos de uno u otro cuño; nuevos movimientos migratorios, indocumentados, y otros parias.

Un mundo que, pese a todo vive bajo el régimen de la desinformación, la  privatización y el individualismo extremo. Un tiempo de «consignas» cosméticas, reactivo al desencanto, indignados, sin tolerancia a la frustración. La irrupción del hombre vulgar, lleno de sí mismo, ha sido posible porque la vida se ha hecho confortable, pero él, sin embargo ignora las condiciones históricas que han posibilitado dicho confort, lo cual le lleva a comportarse como un bárbaro en la era de los aparatos y la alta cultura. El hombre-masa actual es, en efecto, un primitivo, que por los bastidores se ha deslizado en el viejo escenario de la civilización.

La depauperación de la sensibilidad humana, la decadencia y la vulgaridad de la existencia, puesto en evidencia a través de la disociación entre la propia existencia y el tránsito decapitado del tiempo, pérdida de la intimidad entre su propia persona y las cosas, inconsistencia de la vida, podredumbre fulminante de todas las cosas.

Por supuesto que el derecho a ser íntegramente uno mismo, a disfrutar al máximo de la vida, es inseparable de una sociedad que ha erigido al individuo satisfecho como valor cardinal, y no es más que la manifestación última de la ideología individualista; es la transformación de los estilos de vida orientados al consumo lo que ha permitido la entronización de los deseos del individuo.

Es precisamente aquí donde la Filosofía invita al repliegue, a la flexión (reflexión) sobre las formas de la interioridad, una expedición a los entresijos de la subjetividad, una faena poética, un inventarse cada día.

La filosofía hoy, como venimos señalando, se confunde con frecuencia con sucedáneos, con formas ensayísticas sin pulso metafísico, con periodismo de ideas sin aliento ni emoción. Pese a todo existen todavía filósofos preparados para hacer frente a las grandes novedades de la cultura.

La filosofía no ofrece soluciones facilistas y, en rigor, ni siquiera procura dar respuestas, su vocación es formular problemas, perplejidades y despertar asombros y maravillas; incita a formular preguntas, que son el cultivo del pensamiento. Una pregunta perspicaz conlleva la mitad de la respuesta (salida); los problemas no se resuelven, se disuelven (dirá Wittgenstein). Así que, si bien la Filosofía no ayuda en lo inmediato, pone las cosas en perspectiva, enseña a tomar distancia para saber qué hacer o no hacer. La filosofía debe llegar a ser una inmunología teórica.

4.-

La Filosofía, en su sentido radical, acontece dondequiera el hombre cavila sobre sí, donde se queda consternado ante la incomprensibilidad de su estar-aquí, en cualquier lugar que las preguntas por el sentido de la vida emergen desde su corazón acongojado y trémulo. De este modo se le ha cruzado la filosofía casi a cada hombre alguna vez —como un sobresalto que nos estremece de súbito, como una aflicción y melancolía, como pregunta inquieta, como una sombra sobre nuestras pantallas autistas—. La filosofía tiene muchos registros y tonalidades, conocidas e inquietantes, y tiene para cada uno una propia voz, con la cual nos llama suavemente.

La Filosofía se gesta en el diálogo al aire libre, con pensamientos divergentes que avanzan en todas direcciones y desafían nuestras lógicas bivalentes y la tiranía de la silogística de Aristóteles, para abrirse a los mundos posibles, la polisemia y la multidiversidad de lo real, para realizar paseos en el Jardín de Epícuro, excursiones a la Montaña sagrada y recorridos por senderos que se bifurcan entre los mundos del texto y los viajes de la trama.

La tradición de la Filosofía como «amor a la sabiduría», como búsqueda de sentido y ejercicio de las virtudes ha dado paso a una sociedad autocomplaciente, que nada sabe de exigencias, sino sólo de la variada oferta de la industria del entretenimiento: Cine 3D, gimnasia, yoga y toda suerte de «tecnologías» próximas al foucaultiano «cuidado de sí». Vivimos el narcisismo exacerbado del culto al cuerpo: de la alimentación hiperproteica, la compulsión por el ejercicio y la cultura fitness; el ideal de la delgadez y la eterna juventud.

5.-

Asistimos a una especie de disolución del Yo, que es a lo que apunta la nueva ética permisiva y hedonista: el esfuerzo ya no está de moda, todo lo que supone sujeción o disciplina austera se ha desvalorizado en beneficio del culto al deseo y de su realización inmediata, como si se tratase de llevar a sus últimas consecuencias el diagnóstico de Nietzsche sobre la tendencia moderna a favorecer la «debilidad de voluntad», la servidumbre a los impulsos más inmediatos y con ello la pérdida de un centro de gravedad que jerarquice un proyecto de vida, uno auténtico y personal.

Un «yo» auténtico y personal forma parte de promesas psicomágicas,  o programas de coaching ontológico, como si se pudiera encontrar en nuestro interior —a la base de «nuestro propio ser»— un sí mismo (mismidad), de allí el aforismo «sé tú mismo». Ahora bien la hermenéutica del yo y la intersubjetividad se fundan en un diálogo de saberes, en una ética de la otredad y una política de la diferencia. Tanto la antroposofía como la psicomagia carecen de los fundamentos antropológicos de la Filosofía —que se interna  en  la neurociencia— para  intentar  dar  cuenta  del flujo pulsional y neuroquímico que nos constituye y que no es más que el abrazo del organismo, del cuerpo entero, instancia originaria y principal que nos aparece como el mundo. La filosofía (neuro-fenomenología) no reconoce en sí la base de su propio ser, la unidad de su yo consciente se le presenta como una ilusión. El yo que una persona puede creer que tiene, y que constantemente procura  aferrar  aunque  en realidad ese «yo» —como eje, centro o punto de anclaje— no exista.

La Filosofía es una actividad que se ejerce en el lenguaje, cuyas herramientas son la perplejidad, la capacidad de asómbranos, eso que se nos extravió en la infancia (los fundamentos olvidados de lo humano), algo tan elemental para sobrevivir como es el juego; no la competencia, ni las apuestas, sino la recreación de mundos, disfrazarse, jugar roles, anticipar la vida sin el peso de su desencanto bursátil. Tal como lo indica Ortega en El Origen Deportivo del Estado todas las instituciones comienzan como deporte, de modo tal que es posible derivar del espíritu del juego la mayoría de ellas. El derecho, por ejemplo, entra sin discusión en esta categoría: el código enuncia la regla del juego social, la jurisprudencia la extiende a los casos de litigio y el procedimiento define la sucesión y la regularidad de las jugadas. Nadie podrá en tanto quiera participar en el juego violar las reglas, si lo hace estará jugando otro juego. Al hacerlo ya no juega el juego sino que contribuye a destruirlo, pues las reglas, que son constitutivas de tal o cual juego, existen sólo por el respeto que se les tiene. Por ello negarlas es al mismo tiempo inventar las normas futuras de otro código, es instaurar un nuevo juego, el cual, aunque vago en sus inicios emancipadores, rápidamente se volverá tiránico, intentando domesticar la audacia y prohibir la fantasía sacrílega. Toda ruptura que quiebre una prohibición acreditada esbozará ya otro sistema, no menos estricto y —a la vez— no menos gratuito. Sí, todas las Instituciones nacen como juego, luego vienen los horarios, la burocracia, el afán y las mil formas de la vigilancia.

Ya no tienen tiempo… de tener tiempo. Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy.

El hombre aparece, según la fórmula nietzscheana —sin una determinación ontológica definida— sino como una elevación maníaca semidepresiva, como un punto de inflexión entre el animal y el superhombre: «El hombre es una cuerda tendida entre el animal y el superhombre, una cuerda sobre un abismo […] La grandeza del hombre está en ser un puente y no una meta: lo que en el hombre se puede amar es que es un tránsito y un ocaso». Esta tensión biopolítica del Parque Humano intenta redefinir no sólo los conceptos de vida, política y poder, sino también los límites difusos entre «hombre» y «animal». La filosofía de Nietzsche —así como la de Derrida— se configura así a partir de la reflexión en torno al problema de la humanidad y la animalidad, es decir, se articula como un intento de ir más allá del humanismo, entendido como un esfuerzo de domesticación del hombre en el que se pretende desinhibir su condición animal (fracasando en el proceso). De allí la importancia de la discusión en torno al estatuto biopolítico del hombre, debate en el que se insertan autores como Peter Sloterdijk y Giorgio Agamben en torno a lo humano-inhumano-transhumano y los códigos antropotécnicos que debieran normar los límites de la producción y diseño de seres humanos en los laboratorios de ingeniería genética, discusión de la que se ocupa Normas para el Parque Humano, Homo Sacer, el  poder soberano y la nuda vida; o la descripción de Eduardo Subirats sobre el “El intelectual bajo sospecha”, donde se aborda la manipulación mediática, el espectáculo de la cultura y la degradación de la democracia. La parálisis intelectual de la universidad, la destrucción de la biosfera y la deriva de lo humano, zozobras de las que ésta nueva entrega de Revista Observaciones Filosóficas da dramática cuenta.


Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Director

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Editorial 2015 - N° 20
X Aniversario Revista Observaciones Filosóficas

2005 - 2015


Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director

Una revista de filosofía contemporánea, dada la diversidad de las corrientes de pensamiento actual, se vería amenazada por el eclecticismo y la dispersión temática, o en caso contrario, por convertirse en una publicación de nicho, una revista de fenomenólogos, postmodernos, deconstruccionistas, analíticos o “materialistas filosóficos”, sin embargo Revista Observaciones Filosóficas no ha sucumbido ni a uno ni a otro extremo. Nuestra revista se presenta, más bien, como aporética, paraconsistente y reticular. Incorpora en su seno la incertidumbre y la novedad, se ejercita y cultiva en la neuroplasticidad para nuclear las diversas cuestiones que se nos ofrecen como filosóficas. Esto no implica que no tengamos una mirada y sensibilidad propia, que no ocultamos, sino más bien, nos interesa hacer presente nuestra filosofía, si con ello se puede entender una necesaria toma de posición en favor de determinados presupuestos epistémicos. Esto porque la tentativa sistemática de la filosofía, de cualquier filosofía, de eludir este tipo de definiciones, de evitar reconocer sus compromisos ontológicos –su idea de la realidad (y sus posibilidades de acceso o explicación de la “realidad efectiva”)– en sus principios, habrá de resultar infructuosa y conducir a una trivialización de sus supuestos. Dicho de otro modo, toda tentativa filosófica que no vuelva consciente lo que hacemos cuando conocemos, ni se pregunte, en la estructura de su método, por la realidad habrá de ser o ingenua o arrogante.

También asumimos que la filosofía (como la ciencia) es “una empresa social” y como tal, no prescinde de un contexto, ni se abstrae, por más que se lo proponga, a las instancias de poder que operan subrepticiamente y promueven unas direcciones, o dificultan otras, esto a través de los criterios para jerarquizar determinadas indexaciones o la forma como operan los comités científicos al momento de asignar fondos de investigación a una Institución u otra.

La filosofía ha caído en una profesionalización excesiva; la mayoría de los filósofos se limitan a comentar ideas canónicas y a realizar especulaciones académicas estériles, que no abordan ni proponen problemas nuevos.

La Filosofía, en su sentido radical, acontece dondequiera el hombre cavila sobre sí, donde se queda consternado ante la incomprensibilidad de su estar-aquí, en cualquier lugar que las preguntas por el sentido de la vida emergen desde su corazón acongojado y trémulo. De este modo se le ha cruzado la filosofía casi a cada hombre alguna vez –como un sobresalto que nos estremece de súbito, como una aflicción y melancolía, como pregunta inquieta, como una sombra sobre nuestras pantallas autistas. La filosofía tiene muchos registros y tonalidades, conocidas e inquietantes, y tiene para cada uno una propia voz, con la cual nos llama suavemente.

La filosofía de hoy se confunde con frecuencia con sucedáneos, con formas ensayísticas sin pulso metafísico, con periodismo de ideas sin aliento ni emoción–. Pese a todo existen todavía filósofos preparados para hacer frente a las grandes novedades de la cultura...a ellos hemos apostado.

Conscientes de estas vicisitudes propias del quehacer profesional de la filosofía, podemos, más allá de ello, celebrar la existencia de una publicación como Revista Observaciones Filosóficas, que ha consolidado un espacio de independencia, atento al devenir de las cuestiones propiamente filosóficas, cuyo inicio embrionario es siempre marginal, acontece en los bordes, y es precisamente esta no-localización, o topos fronterizo, que ha sido nuestro sello convirtiéndolos en una revista de anticipación, un visor y oxímetro del pulso de la filosofía contemporánea.

Esto ha propiciado la creciente recepción de ROF, su posicionamiento e indización en las más reputadas bases de datos y recursos de diversas Universidades.

Quisiéramos agregar como motivo de celebración de este décimo aniversario de la publicación, la consecución de sus propósitos originales, vinculados a la Filosofía como actividad viva y dialogante, vigente por sobre cualquier reducción tecno-científica o vana pretensión de objetividad reclamada por las ciencias positivas, “exactas” o –así llamadas– “duras”, como si las habilidades blandas, o Soft Skills, ámbitos de colaboración y co-creación de conocimiento fueran innecesarias en un entorno socio-económico líquido como el actual. Un mundo tan competitivo en el que la frustración, desesperanza y temor ante la incertidumbre puede dejarnos “fuera de juego”. La neuroplasticidad de la actividad filosófica no sólo nos permite adaptarnos a las nuevos juegos de lenguaje, cada vez más virtuales, sino a habitar los los mundos venideros y convivir en las las nuevas formas de vida que nuestra humanidad adopte, sean cuales sean las reglas del juego.

Como queda claro nuestra invitación desde el comienzo ha sido contribuir a que la filosofía salga de su enclaustramiento académico, la salud de la filosofía, está, pensábamos, en proyectos como los de esta revista, donde el diálogo interdisciplinario, la discusión crítica y el pensamiento original e independiente permiten salir del marco hermético de ciertos departamentos universitarios, aislados y emplazados como sociedades secretas, con sus propias retóricas, e incluso sus propios ritos de iniciación. A la rutina del enclaustramiento académico, donde la filosofía agoniza, hemos propuesto la virulencia, vivacidad e interactividad de la Web, dónde el diálogo se despliegan en plataformas que están conectadas y abiertas a todas la miradas.

Durante diez años hemos invitado a los lectores y autores a salir "hacia adentro" de su propia disciplina, al ágora pública, para asistir a la génesis, giros y fracturas de los saberes contemporáneos, en los que el pensamiento se busca a sí mismo en un intento de adecuar su imagen del mundo. La máscara irónica postmoderna ocultó ciertas aristas y, si bien sirvió para desmontar métodos, quebrar ingenuidades y apagar candores, cuando se mira hacia adelante nos deja ante la tarea de replantear nuestras posiciones ante el conocimiento, ante la esfera del saber humano, que gravita hoy alrededor de lo complejo, de lo incierto, de lo probabilístico, de lo caótico, y de lo estético como campo de proyección de la experiencia. Todo esto en un intento de saldar cuentas con nuestra sensibilidad de época, con los límites de nuestra razón.

La razón narrativa es lo que permite esta inventiva fundamental, la de hacer de nuestra vida una faena poética, un itinerario abierto tanto a las formas estéticas o trágicas del vivir. En ello se define nuestra posibilidad y nuestro riesgo.

Un sitio como éste, sitúa a la filosofía en lo que es su hogar propio, reconstruye lo que fue su lugar de nacimiento, el ágora: plaza, tribunal, espacio de la política y de las fiestas, de juicios y diálogos, lugar de paso y de encuentro, donde a través de la palabra, la lógica, la retórica, la poética y la heurística se gesta y materializa una ciudadanía que, hoy en la era de la telepresencia, es de carácter global. La mundialización de la redes y el trabajo en hipertexto tejen las tramas de estos diez años y 20 números de Revista Observaciones Filosóficas, la que no sólo efectúa un arco telecomunicativo entre amigos probados y conocidos, sino que pone en marcha una operación hacia lo improbable, lanza una seducción a la lejanía –una actio in distans, por decirlo en el idioma de la antigua magia europea–, con el objetivo de comprometer como tal al amigo desconocido, y moverlo al ingreso en nuestro círculo de amistades.


Dr. Adolfo Vásquez Rocca

Director


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EDITORIAL 2014 - Nº 19
Dr. José Luis Pardo

La Filosofía y el cansancio narrativo


La filosofía no tiene una rentabilidad inmediata o directa, ni económica ni política. Pero eso no quiere decir que no tenga consecuencias. De hecho, la mayor parte de las disciplinas científicas (tanto las más teóricas como las más experimentales) proceden en última instancia de ese estilo de pensamiento instaurado por la filosofía, por no hablar de otros conocimientos prácticos e incluso de patrones morales. Pero estas “consecuencias” de la filosofía requieren, para concretarse, de toda una serie de mediaciones institucionales, del mismo modo que, pongamos por caso, se requieren toda una serie de mediaciones para que los conocimientos de “física fundamental” se transformen en dispositivos tecnológicos en manos de los usuarios de todo el mundo. Quienes buscan en la filosofía soluciones rápidas y utilidades de fácil aprovechamiento, ya sea en materia política como en cualquier otro campo, se equivocan de plano: no solamente pervierten la propia actividad (por ejemplo, la política) que quieren “mejorar” con un barniz filosófico (preferentemente “ético”, en este caso) que no es más que fachada, sino que también degradan a la filosofía convirtiéndola casi siempre en sofística, palabrería o jerga para académicos, a puertas y ventanas cerradas. Teatro sin publico / Sólo para Dramaturgos / Estrictamente Prohibida la Entrada / Multa: Adultos 1000, Estudiantes 1.500. [PARRA, Nicanor, “Discurso Inaugural Teatro de las Naciones”, Santiago, 2000]

De una manera semejante a [como constatamos] este empobrecimiento del pensamiento, las nuevas tecnologías han servido de instrumento para un empequeñecimiento [en este caso] del espacio (la velocidad de las comunicaciones hace que lleguemos en seguida –en el mundo virtual y en el real– a cualquier parte), se ha producido también un estrechamiento del tiempo y un salto cualitativo en su indiferenciación. El estrechamiento se debe a lo que suele llamarse “el imperio del corto plazo”: ya nadie –ni los individuos, ni las instituciones, ni los Estados– puede hacer planes de futuro a largo plazo, todos los consensos y acuerdos se volatilizan en la fluidez de una situación que cambia con tanta rapidez y con tanta volubilidad como los tipos de interés financiero, y cualquier construcción de sentido se ve constantemente amenazada de caducidad por estos cambios constantes que agujerean las biografías personales, laborales o académicas de la gente y las políticas de las instituciones colectivas. Si esto comporta una descualificación mayor del tiempo es porque la experiencia de una temporalidad dividida en tramos (años, meses, días, horas) ha sido sustituida por la de un continuum indiferenciado que constantemente es vaciado de todo contenido y vuelto a rellenar con otros contenidos igualmente efímeros (contenidos de relleno, en definitiva).

Cada vez vemos menos la portada del periódico con las noticias relevantes del día jerarquizadas por su importancia según el criterio de los editores, porque se encuentra hoy amenazada por una única y multiforme (o amorfa) pantalla de cristal líquido que se va modificando a cada instante al ritmo de los “clics” de los usuarios; y, así mismo, nuestras horas, días o semanas son cada vez más incapaces de albergar un sentido mínimamente consistente, y dependen cada vez más de los rellenadores de contenidos, permanentemente ocupados en impedir que haya vacíos. Y hay una clase específica de malestar y de sufrimiento asociada a esta experiencia, aunque todavía sea difícil de detectar y de nombrar.

A partir de cierto momento de nuestra historia reciente, tenemos la sensación de que los “problemas de identidad” (y los conflictos entre identidades) han sustituido a los “problemas sociales” (y a los conflictos de clase) como plataforma interpretativa de lo que nos pasa e incluso como explicación de las derrotas y las victorias políticas. Y no es que yo tenga nostalgia de aquellos tiempos en los que “la lucha de clases como motor de la historia” pretendía explicarlo todo. Lo que digo es que la identidad, políticamente entendida (con lo que comporta de apelación a cosas tales como el orgullo, las ofensas y las deudas de honor), es un concepto agónico (se construye por contraposición irreductible a otras identidades) y que socava el fundamento mismo del pacto social, de tal manera que las “políticas de la identidad” son una forma de reproducir, a escala micro o macro, ese tipo de enfrentamientos cuyo modelo son las viejas guerras de religión y que justamente el Estado de Derecho nació para zanjar (por tanto, el resurgimiento reformulado de esta clase de conflictos es un síntoma más de la decadencia del Estado de Derecho).

En el plano personal, la obsesión por la identidad o la “angustia” de la identidad es una patología propia de la adolescencia, y por tanto su generalización es coherente con un tiempo en el cual, como antes decíamos, nadie consigue construir narrativamente su historia porque le cambian el guión en cada capítulo. Llegar a ser un individuo siempre significó, en el contexto ilustrado, elevarse desde el plano de lo propio (de los “nuestros” en términos étnicos, familiares, sexuales, lingüísticos, etc.) al de lo universal. Ahora, sin embargo, lo entendemos más bien como la ruptura de los vínculos sociales y el encierro en lo particular irreductible. No estoy seguro, en definitiva, de que la cuestión de tomar conciencia de nosotros mismos sea la misma que la cuestión de la identidad: al contrario, yo lo definiría como el problema de la intimidad, es decir, de aquello que justamente hace imposible el encierro en una (supuesta) identidad irreductible y arrojadiza.



Dr. José Luis Pardo
Catedrático de la Universidad Complutense y profesor en la Facultad de Filosofía. Miembro del Consejo Editorial de Revista Observaciones Filosóficas.


Fragmento de Entrevista a José Luis Pardo D.Phil - "La filosofía está como nueva", texto: Carlos Javier González Serrano, en Filosofía Hoy.


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EDITORIAL 2013 - Nª15

Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director

La Filosofía –desde hace más de un siglo– se encuentra moribunda, pero nosotros no queremos ser sus sepultureros. La filosofía no está muerta, aunque, tal vez, sí este gravemente enferma, en tanto que ha caído en una profesionalización excesiva; la mayoría de los filósofos se limitan a comentar ideas canónicas y a realizar especulaciones académicas estériles, que no abordan ni proponen problemas nuevos. Pese a todo existen filósofos que están preparados para hacer frente a las grandes novedades de la cultura.

Ha sido Sloterdijk quien ha propiciado un cambio en el estado de ánimo de la Filosofía y en su formas de comunicación. Apoyado en una lectura muy potente de Nietzsche, este alemán crítico de la teoría social y mediática frankfurteana, denuncia el carácter nocivo de lo que denomina la "ciencia melancólica".

Los últimos hombres serán apáticos y sin afecto natural. Ya no se llega a hablar de lo que antes era un amor a la sabiduría, realmente ya no hay ningún saber del que se pueda ser amistoso.

La filosofía no se encuentra moribunda, sino más bien se mantiene en estado virulento todavía hoy, lo cual se debe sin duda a los resultados de su capacidad para hacer amigos a través del texto. De allí que escribir libros sea una empresa telecomunicativa claramente pos-pesimista.

El hombre es un animal hiperbólico, una exageración. Hay que aprender a desear, pero no esperar demasiado. En el intertanto tenemos que vivir. La vida no se puede suspender ni postergar –el juicio sí–, ser un proyecto siempre inconcluso nos hace esclavos de nuestros sueños. Pero la elección de un futuro no debe ahogar mi presente, mi emocionalidad, mi amor al riesgo y mi libertad para equivocarme ¡Todos vivimos, en parte, de anticipaciones de nosotros mismos!.

El ser humano, como término correlativo a la técnica, es el resultado de un des-ocultamiento, que desvela su modo de salir de la naturaleza hacia la cultura técnica. Sloterdijk sostendrá que es a través de la noción de antropotécnica por la que el hombre des-oculta los caracteres latentes de su prehumanidad. Es a causa de su infradotación orgánica que el ser humano despliega su potencial técnico. No es, entonces, que el hombre haga "uso" de la técnica, sino que el hombre es, en sí mismo, un animal técnico.

La filosofía no sirve al Estado, ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido. La filosofía sirve para hacer de la estupidez una cosa vergonzosa. La Filosofía es una empresa de desmitificación.

La filosofía alemana universitaria ha padecido, después de las últimas propuestas creadoras (Heidegger, Adorno, Bloch), una esclerosis múltiple que ha alertado sobre su defunción. Como señala Eugenio Trías: “no hubo en Alemania una explosión filosófica entre los años sesenta y ochenta comparable a la francesa (la de todos esos grandes filósofos, ya muertos, que constituyeron la cúspide de la grandeur filosófica de nuestro país vecino: Sartre, Merleau Ponty, Gaston Bachelard, Foucault, Deleuze, Derrida) y la armada italiana ...”

Alemania se ahogó en un estéril academicismo que ha terminado por cercenar toda su gran vena creadora, y que hasta Adorno y Heidegger había poseído una continuidad asombrosa: de Leibniz a Nietzsche, de Kant a Husserl, de Schelling a Cassirer. Sólo se han trazado, en las últimas décadas, proyectos sincréticos, como el de Habermas, limitados a la teoría política, pero sin ese estremecimiento de emoción y razón que caracteriza a toda verdadera propuesta filosófica. Una inflación de virtuosismo académico ha asfixiado la creatividad. La sombra del nacionalsocialismo ha castrado toda una generación filosófica que ha preferido formarse en tradiciones ajenas, especialmente anglosajonas, a fecundarse en las propias.

Ahora bien, la “Filosofía italiana” post 90' tomo la posta, luego de la deconstrucción francesa y la arqueología foucaultiana. Los cruces, hibridaciones y recuperaciones, escuelas y “armadas” en frentes diversos se interna en las diversas interpretaciones de los autores emblemáticos de la contemporaneidad: de Nietzsche a Heidegger. Virno, Agamben o Esposito, eso que se ha dado en llamar la 'armada italiana' y que –sin duda– lidera las discusiones de este novísimo y vigoroso género filosófico (interdisciplinario) que conocemos como Biopolítica y –que comprende desde el disciplinamiento del cuerpo, la higiene de la nación a la Historia de la sexualidad– que el presente número de Observaciones Filosóficas dedica particular atención.

Por fortuna en lugar de disolverse en el polvo, la filosofía esta de vuelta en manos de los nietos de Adorno y Heidegger. De pronto el cuerpo de la filosofía –en estado catatónico– ha mostrado un nuevo pulso, el desarrollo de una idea filosófica, bien expuesta y argumentada, que es lo que da carácter e identidad a una filosofía. Pues bien, en la mismísima Alemania, de pronto, como un magnífico desmentido a todos los presagios mortuorios, la filosofía a despertado a un nuevo vuelo renacentista donde se aborda la historia de la intervención del hombre sobre el hombre, desde las antiguas tradiciones filosóficas de Oriente y Occidente hasta internarse en las modernas tecnologías génicas. Un pensamiento que con bella retórica y agudeza fenomenológica enfrenta los problemas de su tiempo, atento y perspicaz, que dibuja una “ontología de nosotros mismos”, que incorpora a sus observaciones todo aquello con lo que el hombre convive: signos, máquinas, animales, plantas, virus, bacterias, textos, obras de arte, museos, prótesis, intervenciones quirúrgicas, fármacos; a lo que se debe sumar la crisis del humanismo, la irrupción de la cibertecnología y el surgimiento del provincialismo global.

El pensamiento referido es la filosofía expuesta en esa magnífica trilogía denominada Esferas, y cuyo autor es Peter Sloterdijk, una auténtica obra maestra de filosofía. Allí hay todo lo que la verdadera filosofía implica: admiración, asombro ante la vida; vértigo ante la existencia; emoción por el hecho mismo de ser, de existir; elaboración de una idea (la idea de esfera). Articulación de ésta. Despliegue de las categorías que le corresponden.

Lo que mejor acredita a esa idea filosófica es la ejemplar exploración de ese ámbito que suele llamarse la primera categoría, o lo matricial. Algunas páginas son memorables: ayudado, como Virgilio, por un uso libre de la ginecología, se interna en ese inferos en el que habita, con Eurídice, el ser nuestro previo al existir (y al mundo), la vida en la matriz, la vida intrauterina, con sus principales cuasi-objetos, la placenta, el cordón umbilical, los tonos de soprano de la madre que se filtran por el líquido amniótico, el nacimiento ab ovo, el vínculo dual madre-hijo, la relación entre hermanos gemelos, etcétera.

Todo ese recorrido de ginecología filosófica es, a mi modo de ver, una verdadera diadema ontológica y metafísica. En tres o cuatro páginas de ese magnífico primer tomo se concentra más energía creadora de pensamiento que en los aburridísimos e infinitos textos archi-académicos que suele producir la Alemania de la segunda posguerra. Se entiende que para la Academia Sloterdijk sea L'enfant terrible de la Filosofía alemana. La filosofía genuina, siempre provoca y genera disputas intestinas.

También lo contrario: no todos los días puede saludarse la emergencia de una filosofía. En medio de la tierra baldía de la filosofía de hoy, una filosofía que se demora demasiadas veces –y se confunde con frecuencia con sucedáneos, con formas ensayísticas sin pulso metafísico, con periodismo de ideas sin aliento ni emoción– este texto de Sloterdijk constituye una saludable excepción. Tiene además el valor adicional de producirse en Alemania. Demuestra que incluso en este país, en el que el agobio interpretativo y exegético ha terminado devorando la creatividad, también puede resplandecer el futuro de una filosofía dispuesta a ir más allá de nosotros mismos.



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EDITORIAL 2012 - Nº 14
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director

- La extrañeza propia del pensamiento contemporáneo, y de su devenir con sus cruces, hibridaciones, recuperaciones, olvidos y nostalgias, escuelas y “armadas”  en frentes diversos, arriesga convertirse en un vano gusto por la novedad, en una  “comezón de oír” se interna en las diversas interpretaciones de nuestros  autores emblemáticos, nuestros genios modernos, de Nietzsche a Heidegger, de Freud a Foucault, de Sloterdijk a Bauman; de Jean-Luc Nancy a Virno, Agamben o Esposito, eso que se ha dado en llamar la 'armada italiana' y que –sin duda– lidera las discusiones de este novísimo y vigoroso género filosófico (interdisciplinario) que conocemos como Biopolítica. Asimismo los Estudios estéticos, que hoy más bien debiéramos calificar como Estudios culturales  o  de Nuevos Medios, lo que precisamente Peter Sloterdijk  lleva a cabo como Rector de la Escuela de Diseño de Karlsruhe.

En estos casi 10 años de publicación ininterrumpida, situación curiosamente inusual en las revistas académicas sobre Filosofía contemporánea. Revista Observaciones Filosóficas  ha sido un testigo privilegiado de las trasformaciones, derivas, posicionamiento y capitulaciones de los diversos géneros filosóficos; de problemas, dilemas y controversias que siguen trayectorias a las que hay que estar atentos y que aquí damos un espacio privilegiado, propiciando lo exploratorio e investigativo, intentando construir nexos de sentido, y abordar los tópicos más relevantes del malestar que atraviesa nuestra cultura –asomándose  en los entresijos de la filosofía contemporánea, para develar sus procesos embrionarios y comprender los problemas que hacen a la filosofía desde su mismo origen y gestación.  Este aspecto embrionario y genético es lo más propio de la tarea filosófica, invitar a sus interlocutores a salir del estrecho ámbito de sus ocupaciones individuales para instalarse en el ágora pública, para participar de los relatos fundacionales, para asistir a la génesis, giros y fracturas de los saberes contemporáneos, en los que el pensamiento se busca a sí mismo en un intento de configurar una “imago mundi”, esta antiquísima expresión usada por los alquimistas– una representación del mundo que, apartándose de toda cartografía, expresa su significado mitográfico: es decir, una interpretación del mundo mediante imágenes o elementos que lo representan de una forma cifrada, hermética y polisémica.

El individuo es el testigo de la pérdida de la comunidad. El individuo es alguien  al que se lo define como alguien que sólo tiene relaciones de exterioridad con el otro.  Podemos advertir de inmediato lo que la soledad del individuo puede tener de terrible, de desastroso, de inhumano. Aun cuando, paradojalmente, nos encontremos en plena euforia del individuo.
“El otro” tipificado como extraño por desconocido es un portador innato de incertidumbre, de potencial peligro, siendo, tal vez, su mayor amenaza, el atentar contra la clasificación misma que sostiene el orden del espacio social en el que se inscribe mi mundo. Justamente, los extraños irritan, desagradan, desconciertan porque tienden con su sola presencia a ensombrecer y eclipsar la nitidez de las líneas fronterizas clasificatorias que ordenan el mundo en el que vivimos, y de éste modo, cuestionar de manera radical la presunta comprensión recíproca que el “yo” tiene con el “otro”. El extraño, como cuestionador implacable del orden al que ingresa desde tierras ignotas, ha sido a menudo tipificado con el estigma de ser portador de suciedad, puesto que la suciedad es el caos contaminante que el orden existente pretende expulsar, o bien, contagiado de ambivalencia, puesto que ésta los hace irregulares e impredecibles en sus reacciones.

El principio de incertidumbre, las ciencias de la complejidad, las teorías del caos,  lo hiper-textual, las lógicas paraconsistentes, polivalentes o simplemente de la vaguedad, nos enfrentan al reto de lo incierto, de la zozobra y la perplejidad;  todo en nuestro balbuceante intento de saldar cuentas con nuestra sensibilidad de época, que excede -con mucho-  los límites de la  razón cartesiana.

Cada época  no sólo propicia, sino que también exige el planteamiento de unos determinados temas y unas determinadas preocupaciones. No sólo preocupaciones, sino también obsesiones, como la sospecha de la caducidad  de nuestros certezas.  Lo importante no son los hechos sino sus interpretaciones. La certeza de un hecho no es más  una verdad relativamente interpretada y por lo mismo, incierta. La posmodernidad, por más polifacética que parezca, no significa una ética de carencia de valores en el sentido moral, pues precisamente su mayor influencia se manifiesta en el actual relativismo cultural. La moral posmoderna es una moral que cuestiona el cinismo religioso predominante en la cultura occidental y hace hincapié en una ética basada en la intencionalidad de los actos y la comprensión inter y transcultural de corte secular de los mismos. En este sentido la posmodernidad abre el camino, según Vattimo, a la tolerancia, a la diversidad. Es el paso del pensamiento fuerte, metafísico, de las cosmovisiones filosóficas bien perfiladas, de las creencias verdaderas, al pensamiento débil, a una modalidad de nihilismo débil, a un pasar despreocupado y, por consiguiente, alejado de la acritud existencial. Vivimos un tiempo sin certezas.

Los Artículos y textos que aquí se presentan intentan dar cuenta de los latidos de un mundo cuyo pulso es difícil de tomar; y el ritmo en el diagnóstico del pulso  merece ser estudiado porque la historia de su análisis es larga y profusa. He aquí pues un tratado sobre el pulso.

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EDITORIAL 2011
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director


El desasosiego permanente del pensamiento occidental, que cobra cuerpo con las interpelaciones de autores emblemáticos, de Nietzsche a Heidegger, de Freud a Foucault, de Sloterdijk a Jean-Luc Nancy, nos fuerza a la serie de nuevas lecturas críticas y replanteamientos a las que hoy asistimos y respecto de los cuales Revista Observaciones Filosóficas ha sido un testigo privilegiado. A algunos de estos problemas, dilemas y controversias están dedicadas las páginas que siguen, escritas de modo exploratorio e investigador, intentando construir nexos de sentido, y profundizar en las raíces de problemas comunes y conflictos intelectuales.

Es así como presentamos un nuevo número de Revista Observaciones Filosóficas, una edición de antología, que además de abordar los tópicos más relevantes del malestar que atraviesa nuestra cultura y asomarse en los entresijos de la filosofía contemporánea, para develar sus procesos embrionarios y comprender los problemas que hacen a la filosofía desde su mismo origen y gestación. Para abordar este desafío nuestra publicación cuenta, en su Consejo Editorial con firmas tan destacadas como las de José Luis Pardo, Eugenio Trías, Jacobo Muñoz Veiga, Adela Cortina, Gianni Vattimo, Slavoj Žižek, Rüdiger Safranski, Julia Kristeva, entre los europeos; Carla Cordua, Cristóbal Holzapfel, Jorge Acevedo, Hugo Renato Ochoa, Mirko Skarica, entre los nacionales. Agradecemos a tan reputados especialistas que nos confíen sus trabajos, investigaciones e incluso traducciones originales, anotadas y en edición crítica para su difusión en nuestras páginas.

En este número nos preciamos de presentar trabajos de la profesora Dra. Carla Cordua Sommer –Premio Nacional de Humanidades y Ciencias Sociales 2011 (ex aequo con Roberto Torretti)– y del Profesor Dr. José Luis Pardo Torío –Premio Nacional de Ensayo 2005– otorgado por el Ministerio de Cultura de España.


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EDITORIAL 2010
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director


“Filosofía”, en el sentido vago y corriente de la palabra, acontece doquiera el hombre cavila sobre sí, doquiera se queda consternado ante la incomprensibilidad de su estar-aquí, doquiera las preguntas por el sentido de la vida emergen desde su corazón acongojado y trémulo. De este modo se le ha cruzado la filosofía casi a cada hombre alguna vez – como un sobresalto que nos estremece de súbito, como una aflicción y melancolía al parecer sin fundamento, como pregunta inquieta, como una sombra oscura sobre nuestro paisaje vital. Alguna vez toca a cada quien, tiene muchos rostros y máscaras, conocidas e inquietantes, y tiene para cada uno una propia voz, con la cual lo llama”.

La reunión aparentemente azarosa de los artículos que presentamos en este número –que busca hacer justicia con aquellos trabajos que por una u otra razón no encontraron lugar en ediciones anteriores– o números monográficos, ha originado un efecto sorpresivo donde la aparente diversidad de posicionamientos y perspectivas permite ver la complejidad emergente del universo intelectual de nuestra época crítica. Logrando así una visión panorámica y testimonial de los cruces de lugar, de los problemas que convergen, y que sólo ahora se han revelado como una galería o colección de estudios idiosincrásicos que en sus entresijos dejan asomar caracteres y retratos de distintos estados de ánimo, que son lo que, finalmente, constituye el fondo de toda gran filosofía. Como señalaba Nietzsche todos los sistemas filosóficos siempre son algo así como unas memorias inadvertidas y unas confesiones involuntarias de sus autores. He aquí pues un conjunto de artículos, investigaciones y traducciones que con la firma de importantes autores dan forma a este número recopilatorio de Revista Observaciones Filosóficas.


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Editorial 2008
Dr. Adolfo Vásquez Rocca - Director


La Filosofía es una actividad crítica y elucidante que se ejerce en el lenguaje. Como la inteligencia, se alimenta más de preguntas que de respuestas. Por ello la filosofía surge de la sospecha, la perplejidad y el asombro. Estando así llamada a remover creencias inerciales, a hacer tambalear certezas culturales y ampliar miradas obtusas que sólo giran sobre sí mismas. Este espacio busca poner en ejercicio el espíritu crítico, la vocación investigativa, así como abrir espacios al debate como aventura de lo humano, sin verdades clausuradas que sofoquen el pensamiento y nieguen la poesía.

El pensamiento goza de buena salud. Y, precisamente, la salud de la filosofía, está en proyectos como los de esta revista, donde el diálogo interdisciplinario, la discusión crítica y el pensamiento original e independiente permiten salir del marco hermético de ciertos departamentos universitarios, aislados y emplazados como sociedades secretas, con sus propias retóricas, e incluso sus propios ritos de iniciación.

Aquí se invita al lector a salir "hacia adentro" de su propia disciplina, al ágora pública, para asistir a la génesis, giros y fracturas de los saberes contemporáneos, en los que el pensamiento se busca a sí mismo en un intento de readecuar su imagen del mundo. La máscara irónica postmoderna ocultó ciertas aristas y, si bien sirvió para desmontar métodos, quebrar ingenuidades y apagar candores, cuando se mira hacia adelante nos deja ante la tarea de replantear nuestras posiciones ante el conocimiento, ante la esfera del saber humano, que gravita hoy alrededor de lo complejo, de lo incierto, de lo probabilístico, de lo caótico, y de lo estético como campo de proyección de la experiencia. Todo esto en un intento de saldar cuentas con nuestra sensibilidad de época, con los límites de nuestra razón.


"He anotado todos estos pensamientos como observaciones, en párrafos cortos, de los que, en algunos casos, hay una cadena bastante larga sobre un mismo tema, mientras que en otros paso repentinamente de un tema a otro. Al principio, tenía la intención de reunirlo todo en un libro cuya forma me imaginé de manera diferente en distintos momentos. Pero lo esencial era que los pensamientos procedieran de un tema a otro en un orden natural y sin interrupciones.

Tras varios intentos fallidos para amalgamar mis resultados en dicho conjunto, me di cuenta de que no lo lograría nunca. Lo mejor que podía escribir nunca dejaría de ser más que observaciones filosóficas; mis pensamientos se paralizaban pronto cuando intentaba forzarlos en una única dirección en contra de su inclinación natural. Y por supuesto, ello tenía que ver con la naturaleza de la investigación. Esto nos fuerza a viajar por un amplio campo de pensamientos entrecruzados en todas las direcciones.

Las observaciones filosóficas de esta obra son como diversos esbozos de paisajes hechos en el curso de esos largos y comprometidos viajes.

Se abordan una y otra vez, desde distintas direcciones, los mismos puntos y otros casi iguales haciendo cada vez nuevos esbozos. Muchos de ellos fueron mal dibujados o eran poco característicos, con todos los defectos de un mal dibujante. Tras rechazarlos, quedaban unos cuantos tolerables, que ahora tenían que ordenarse, y a veces cortarse, de modo que si uno los miraba, podía obtener una imagen del paisaje. Así que, en realidad, este libro no es más que un álbum."

Prefacio de Wittgenstein: en Investigaciones Filosóficas.


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Editorial 2006
Dr. Hugo Renato Ochoa Disselkoen

Observaciones Filosóficas constituye un verdadero observatorio desde el cual es posible contemplar en cercanía lo que podría parecer distante. Pero se trata en realidad de un observar activo, por cuanto esta página tiene el carácter de un instrumento de trabajo; la sabia integración de textos filosóficos ordenados por categorías, traducciones, noticias y documentos, sitios especializados en filosofía, entrevistas, libros y manuscritos significa contar con recursos que permiten establecer lazos que, en su entrelazamiento, componen una verdadera cantera de infinitas posibilidades. La composición de un texto filosófico ha consistido siempre en establecer un cruce entre realidad, pensamiento y acción, en el que el sentido de cada uno de estos términos queda establecido por la forma como éstos se intersectan. En este sentido Observaciones Filosóficas, como página abierta a todas las formas de entrecruzamiento, ya constituye, ella misma, legítima filosofía. Pero, además, da cuenta de la libertad que se ha tomado el pensamiento contemporáneo al rebelarse contra caminos canónicos prefijados para recorrer estos términos, y que había permitido hasta ahora definir las distintas "escuelas" según se establezca como punto de partida la realidad, el pensamiento o la acción. La mutua imbricación de estos términos configura una suerte de hipertexto cuya lectura no obliga a realizar ningún recorrido determinado a priori; más aún, la filosofía desborda todo intento de clausurar sus temas, sus intereses, sus pasiones y, por ello, Observaciones Filosóficas se interna en el cine, en la literatura, en la ciencia, en la psicología, en la creación artística, y todo ello sin dispersarse, sino, por el contrario, 'nucleando' cada vez, gracias a una acertada elección de artículos y textos, todos los contornos de la filosofía que, paradójicamente, son los que la configuran. Por el contrario, una filosofía desfigurada es la que sólo se ocupa de sí misma; si la reflexión es mera flexión, si busca afirmarse narcisistamente en sus propios supuestos y no entra en el juego de distintos lenguajes, de las diversas figuras del vivir, se convierte en una arquitectura ciertamente monumental, pero de aquellas que sólo se las admira cuando están en ruinas, cuando ya no se percibe el chasquido del látigo que las hizo posibles. Se trata, pues, de un lugar de encuentro, una suerte de ágora por la que ha de transitar una ciudad en diálogo, plaza abierta y pública, mercado en el que la moneda de intercambio no es sino el rigor y la disponibilidad a ser interpelado. No obstante, la misma virtualidad del lenguaje se expone a ser infectado por distintos virus que pueden cambiar el sentido de los textos, de eso se trata, de una página que no teme a los virus, porque la misma filosofía puede ser entendida como un virus que "infecta" los saberes, el arte, la vida, hurgando en los resquicios, acoplándose casi parasitariamente a toda pretensión de sentido. Así, publicar en Observaciones Filosóficas y también leer sus textos significa exponerse a ser contaminado, basta entrar en un texto para descubrir una curiosa e íntima 'simpatía' con los otros, dialogan y se interpelan entre sí, se cuestionan unos a otros, se conjugan y conjuegan sin estorbarse. Asimismo, los autores provienen de tan distintos confines que queda en evidencia el carácter nuclear de esta página, todos confluyen en un punto sin que, no obstante, tengan que hacer abandono de lo propio. Pero no debe entenderse "lo propio" como algo sobre lo que se tiene propiedad, por de pronto porque Observaciones Filosóficas es de suyo un espacio público, como corresponde a toda legítima filosofía, pero además porque, si se puede hablar de "propiedad" en filosofía, esto paradójicamente ocurre sólo cuando otros rescatan, reconfiguran y resignifican lo pro-puesto, es decir, toda "ponencia" filosófica, si es legítimamente tal, pos-pone a su autor. Un sitio como éste, entonces, sitúa a la filosofía en lo que es su hogar propio, reconstruye lo que fue su lugar de nacimiento, el ágora: plaza, mercado, espacio de la política y de las fiestas, de juicios y diálogos, lugar de paso y de encuentro, donde la palabra fue acción y la acción palabra, donde se gesta y materializa una ciudadanía que, no obstante, se proyecta siempre más allá de todo horizonte.

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