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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleEl carácter derivado de la verdad del discurso científico en las Lecciones del primer Heidegger

Lic. Luciano Mascaró - Universidad de Buenos Aires UBA
Resumen
El objetivo de esta investigación es el de acompañar las reflexiones tempranas de Heidegger en torno a los diversos sentidos del problemático término “verdad”. Intentaremos, en consonancia con la aproximación hermenéutica, diferenciar los sentidos originarios de los derivados, y de ofrecer una clarificación de la concepción de la Lógica como la reflexión filosófica acerca de la verdad de lo verdadero. Con estos conceptos como base, avanzaremos hacia la explicitación del carácter derivado de la verdad del discurso científico. Procuraremos retrotraer a la noción de verdad al sentido originario de descubrimiento, para luego justificar la fundación de la verdad predicativa en la verdad hermenéutica de la existencia. En este sentido, propondremos a la Aperturidad del Dasein como condición de posibilidad de toda verdad, y horizonte originario para el surgimiento del sentido. Así, la verdad quedará delineada como un fundamental modo de ser de la existencia.

Abstract
The objective of this research is to accompany Heidegger's early considerations about the various meanings of the troublesome term "Truth". We will attempt, in line with the hermeneutic approach, to differentiate the originary meanings of the derivatives, and to offer a clarification of the concept of Logic as a philosophical reflexion about the truthness of truth. With these concepts as a basis, we will move towards the explanation of the derivative nature of the truth of scientific discourse. We will seek to restore the notion of truth to the original sense of discovery, and then justify the foundation of the predicative truth in the hermeneutic truth of existence. In this sense, we propose the Opening of Dasein as condition for all truth, and originary horizon for the emergence of sense. Thus, the truth will be delineated as a fundamental mode of being of the existence.

Palabras clave
Heidegger, Verdad, Hermenéutica, Aperturidad, Discurso científico, Existencia

Keywords
Heidegger, Truth, Hermeneutics, Opening, Scientific Discourse, Existence


Antes que las leyes de Newton fueran descubiertas no eranverdaderas; de lo cual no se sigue que fueranfalsas, ni mucho menos que se volverían falsas si ya no fuera ónticamente posible ningún estar al descubierto1

Martin Heidegger, Ser y Tiempo, §44 c
Introducción

La afirmación que antecede a esta exposición, fue expresada con motivo del tratamiento del modo de ser de la verdad, en el contexto de la obra de 1927 Ser y Tiempo. Tomamos esta frase como punto de partida para una exposición que pretende esclarecer los diversos sentidos en los que el habla cotidiano utiliza el término “verdad”. Intentaremos, junto con Heidegger, explicitar los prejuicios que han dominado históricamente toda aproximación al problema y estableceremos una serie de distinciones, que yacen en el trasfondo de confusiones tradicionales.

Nos ocuparemos de la consideración de la verdad como descubrimiento, y criticaremos la postulación del enunciado como su lugar propio. A su vez, discutiremos el modelo de la verdad de la proposición como arquetipo para todo tipo de verdad. Estudiaremos las variaciones que el enunciado tematizante introduce en la estructura del Cuidado, y nos detendremos brevemente en una descripción de la estructura hermenéutica de la existencia. También será necesario desarrollar el concepto de desmundanización, que mediatiza todo ingreso en la actitud teórica. Finalmente se establecerá la no equivalencia entre verdad y efectividad causal en el mundo.

El resultado será una exposición del modo en el cual la verdad de la ciencia encuentra su fundamento en la verdad de la existencia, desarrollando uno de sus modos, y el sentido en el cual la verdad deja de ser una propiedad de proposiciones y objetos, para regresar al su sentido originario de Aperturidad como existenciario.

1. Sentidos cotidianos de verdad

¿Qué significa que las tres leyes del movimiento, al parecer, instrucciones atemporales sobre el comportamiento fáctico de la naturaleza, no hayan sido verdaderas hasta el momento de su descubrimiento y posterior formulación?. Ciertamente el planteo desestabiliza la concepción tradicional de la verdad, y divide la problemática en dos cuestiones paralelas: Por un lado, exige la elucidación de la noción de verdad que fundamenta tal afirmación, y por el otro, solicita la explicitación de la oposición entre verdad, y efectividad causal de la naturaleza. A ambas tareas nos dedicaremos a continuación. En esta oportunidad, nos centraremos en las lecciones de Lógica de Marburgo, de 1925 a 1926, las cuales aparecen recogidas en la obra tituladaLogik: Die Frage nach der Warheit.2

Heidegger reconoce variados de sentidos de verdad, que emergen atendiendo al uso cotidiano del término, estos sentidos son pre-analíticos, pero su sometimiento a crítica dará lugar a la noción existencial de verdad:

1) En primer lugar, la verdad es considerada un carácter de los enunciados. Enunciar verazmente, es ofrecer algo tal como es. En este primer sentido, ingenuo en su expresión, la esencia de la verdad consistirá en la muy discutida concordancia entre lo expresado y lo efectivamente ahí, se trata de la Adaequatio intellectus et res del realismo. Un enunciado veraz, es aquel que dice que lo que es, es, y lo que no es, no es. Un enunciado falso es aquel que realiza la atribución opuesta. Desde una aproximación fenomenológica, diremos que el enunciado contiene a lo mentado en el modo del vacío, y obtiene plenificación al exponerse el sujeto a una intuición correlativa. Este primer sentido de verdad es tributario de un primer prejuicio, un influyente presupuesto que, según Heidegger, ha dirigido toda investigación acerca de la verdad desde el atardecer griego: “El lugar de la verdad es el enunciado”. Aún más, el prejuicio atribuye la autoría de esta frase a Aristóteles3.

2) El segundo sentido tradicional de verdad es el que la considera no ya como una característica de las proposiciones, sino como una determinada proposición en sí. La proposición misma se convierte en “una verdad”. La verdad es de este modo el contenido ideal de la expresión, y no ya una posibilidad propia. Es en este sentido que se afirma que “2 x 2 = 4” es “una verdad”, o que “la suma de los ángulos internos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos” es “una verdad”. Cada vez que se polemiza la posibilidad de verdades absolutas, o relativas, se apela a este sentido de verdad como proposición en si, y últimamente, como contenido ideal. Prestaremos especial atención a esta segunda acepción de verdad, ya que es en este sentido en el que llamamos “verdad” a una ley científica, esto es, una proposición que se ocupa de corporizar regularidades de los mundanos estados de cosas. Por esta vía se abre el ámbito de investigación de las verdades regionales: las verdades de la física, las verdades de la biología, etc.

3) En tercer lugar, se utiliza el término verdad en referencia al “conocimiento de la verdad”, como en la afirmación, “él no puede soportar la verdad”. En este caso, “verdad” no mienta una propiedad de las proposiciones, ni tampoco el contenido de una proposición, sino una situación subjetiva de toma de conciencia.

4) En cuarto lugar, decimos “verdad” para referirnos a la totalidad de proposiciones que deben ser formuladas para conocer acabadamente un incidente o acontecimiento. Así hablamos de “la verdad acerca del Muro de Berlín”, “la verdad sobre la energía nuclear”. Esta acepción pretende “acceder a las cosas tal como sucedieron”.

De aquí en más, los sentidos cotidianos de verdad que se volverán objeto de análisis, serán los dos primeros, a saber, verdad como calificativo de la proposición, o bien, verdad como “una proposición verdadera”. Estos son los sentidos que empleamos cuando calificamos a una ley científica de “verdadera”, y por tanto, los sentidos que se volverán hilo conductor para dilucidar el sentido de la frase inicial.

2. Presupuestos tradicionales

La cuestión que nos ocupa es la siguiente: ¿Dónde radica lo verdadero de una ley de la naturaleza, expresada por la ciencia?, para responderla seguiremos a Heidegger en un rastreo del sentido originario de la verdad, y una reconducción del enunciado a su condición posibilitadora de producción.

En sus clases de Lógica en Marburgo, Heidegger ensaya una refundación de la lógica como discurso filosófico acerca de la verdad, partiendo de una distinción entre lógica tradicional de escuela, y lógica filosofante, cuya temática no debe ser otra que la verdad de lo verdadero. Para esto, comienza retrotrayendo el sentido originario de verdad a la metáfora griega del desocultamiento (alétheia).

En un primer momento, Heidegger somete a crítica los tres principales prejuicios difundidos acerca de la verdad, 1) el lugar de la verdad es la proposición, 2) la verdad consiste en la concordancia entre el intelecto y la cosa, y 3) el autor de ambos principios es Aristóteles.

Comenzando por el tercer prejuicio, Heidegger examina la fuente griega, descubriendo que el tratamiento Aristotélico de la verdad, es instrumental para una determinación del enunciado, logos. En efecto, Aristóteles caracteriza al logos como el tipo de habla susceptible de ser verdadero o falso. Hecha esta aclaración, queda en evidencia que la verdad no necesita del enunciado para ser tal, sino todo lo contrario. El enunciado se especifica por la posibilidad de quedar definido como verdadero o falso, lo cual implica, que la verdad ya esta desarrollada en su esencia, y presupuesta a cualquier enunciación ya sea veraz o falaz.

Heidegger reinterpreta la traducción clásica de Aristóteles: No todo hablar hace ver, sino sólo aquel en el que sucede el ser verdadero o ser falsoEn esta otra, de su autoría:que hace ver mostrando (enunciado) es sólo el hablar en el que sucede el descubrir y el ocultar4

Como puede verse, la modificación de la traducción, destaca aspectos novedosos, y responde a un perseguido regreso al sentido original griego de la expresión, de este modo, resurgen: 1) el lógos como apófansis, hacer ver mostrando, 2) la verdad como alétheia: descubrimiento- des ocultamiento, 3) La falsedad como pséudesthai: encubrimiento, ocultamiento. La redirección de la noción de verdad a la metáfora griega del descubrimiento habilita a Heidegger a realizar una torsión en el enfoque tradicional del problema de la verdad. Aísla el cuestionamiento del ámbito del enunciado, separando dos áreas regularmente entrelazadas. El regreso a las fuentes parece demostrar que la verdad antecede al enunciado y lo permite. Luego, el lugar propio de la verdad no podrá nunca ser uno de sus vástagos. El enunciado es el tipo de habla que se juega en el campo de la verdad como descubrimiento.

Entonces, el lógos puede ser ocultador o mostrador, y en eso radica su poder apofántico: sólo el discurso que muestra puede equivocarse con respecto a lo mostrado ¿de qué depende la corrección o equivocación del enunciado?, de la concordancia, tal como fuera resignificada por Heidegger, no ya entre el pensamiento y la cosa, sino entre el modo de mostrar del lógos, y el modo de aparecer de los Phainómena.

La problemática ha comenzado a alejarse del terreno de las proposiciones en su conexión con lo real, y se ha aproximado al ámbito del despliegue de las posibilidades fácticas del descubrir y ocultar, posibilidades que últimamente aparecerán como modos de ser de un ente al que le incumbe su propio ser.

3. El problema de la concordancia

Habiendo puesto en duda la tesis de la proposición como lugar del enunciado, por medio de un retorno y reformulación de la fuente griega, Heidegger se ocupa de deconstruir el tercer prejuicio, a saber, “la verdad consiste en la concordancia entre el pensamiento y la realidad”

La concordancia debe ser entendida en un sentido preciso si se desea superar la ingenuidad de la formulación tradicional. Tal concordancia no puede significar identidad entre una representación y el ente exterior, ni tampoco adecuación entre un acto psíquico y su contenido ideal. Las teorías que saldan el problema del conocimiento dividiendo al ser en dos ámbitos, real – ideal, o bien, psíquico – físico, (o más clásicamente, verdad ontológica-verdad racional) son incapaces de dar cuenta del modo de unificar la división propuesta. Tales tesis no logran dar con el “puente”, que relaciona la proposición ya sea como expresión, como contenido ideal de una expresión, o como acto psíquico, con el referente real mundano de tales manifestaciones.

En efecto, el género de los actos de conciencia no puede especificarse en sus referentes reales puesto que se incurriría en una inválida transposición de géneros; lo mismo vale para la relación real – ideal. Cada uno de estos términos contrapuestos son de propio incapaces de dar cuenta de su relación con su término correlativo, lo cual vuelve necesario un tercer término capaz de vincularlos, un término que tenga características tanto de lo real, como de lo ideal, habilitando el paso de un género al otro. El problema de la concordancia, queda expuesto a esta aporía, y hasta tanto no pueda darse cuenta del término medio faltante, (el “puente”) las teorías de la correlación, o representación no serán capaces de expresar la esencia de la invocada concordancia.

A pesar de la crítica a las teorías de la concordancia, mostradas incapaces de señalar el puente entre dos ámbitos del ser, y menos aún la naturaleza de dicho puente, Heidegger no abandona aquel concepto en la explicación de la estructura de la verdad. La concordancia se ha revestido históricamente de interpretaciones imprecisas, de modo que la exigencia pasa a ser la de reconducir la noción a su sentido originario, depurándola de errores tradicionales.

En este punto, Heidegger realiza una opción fenomenológica: si analizamos sin prejuicios el trato cotidiano con los entes, siguiendo el estandarte de la fenomenología, salta a la vista que el enunciado que habla del mundo no mienta una representación de las cosas, una imagen suya en nuestro pensamiento, ni mucho menos un acto psíquico de atribución judicativa, últimamente reductible a fenómenos físico – químicos. Por el contrario, al hablar sobre el mundo, vivimos en la innegable conciencia de estar referidos a las cosas mismas. Al hablar sobre la pizarra en la que escribo, mi discurso está repleto de la pizarra de la que me ocupo ahora enunciadoramente. “No querer decir lo que se ve” y ocultarlo en la referencia a representaciones, es fruto de una viciosa erudición: “Tomar lo llanamente visto como aquello como lo cual es visto, no es sólo incapacidad, sino un no querer decir lo que se ve que se alimenta de prejuicios dominantes”5

El enunciado tiene la capacidad de contener el cómo del aparecer de los entes. Ahora bien, lejos de permitir el despliegue de la verdad, el enunciado es posibilitado por ésta. El enunciado vive en la verdad, lo cual representa una radical inversión de la concepción tradicional. La concordancia queda redirigida hacia la identidad del enunciado y el cómo del aparecer del ente, un enunciado verdadero será aquel que muestra (apófansis) al ente tal como éste aparece ante el Dasein abierto. Esto último requiere de un breve desarrollo del sentido de la verdad en el Heidegger de Ser y Tiempo.

4. La verdad en Ser y Tiempo

Como ya se ha dicho, el sentido de verdad es retrotraído hacia la metáfora griega que le diera origen: el desocultamiento. ¿Cómo opera este desocultamiento, para escapar al confinamiento de la proposición como su lugar propio, y en cambio volverse capaz de fundamentar toda atribución judicativa?. La pregunta remite explícitamente a la estructura hermenéutica de la existencia.

El Dasein se despliega siempre en una comprensión pre-temática del mundo. Su primer contacto con el medio ambiente es comprensivo e interpretativo, no teórico o contemplativo: Inmerso en la utilidad de los artefactos, la existencia los comprende en la medida en que los involucra en el desenvolverse de alguna de sus posibilidades fácticas. De este modo, la existencia queda definida por el anticiparse a sí, en medio del ente intramundano, esta es la estructura del Cuidado.6

El trato con los entes es siempre ya trato comprensivo (aunque aún no explicitado judicativamente), que constituye un tener previo (Vorhabe), antecedente para cualquier atribución predicativa. El Dasein nunca se expone a la comprensión de un ente desde una completa falta de noticia. De este modo, el conocer, como modo del cuidado, es siempre un retornar sobre lo ya comprendido en el modo de la apariencia, he aquí la naturaleza del círculo hermenéutico. El ente anticipado por el tener previo, se modificará, confirmará o anulará, en el trato interesado con él, pero aún no nos encontramos en un nivel temático conceptual.

Los entes aparecen modalizados, se ofrecen a la circunspección mediante aspectos o escorzos. El ente viene a la presencia ya siempre revestido de una cierta configuración semántica. De este modo, el mismo sol tendrá el sentido de punto de orientación para el explorador, indicador de los momentos de la cosecha para el campesino, objeto de adoración para el sacerdote tribal. Cada uno de estos caracteres constituyen el cómo del aparecer de los entes. Teniendo en cuenta este marco conceptual, que injerta el problema de la verdad en la analítica existencial del Dasein, podemos ingresar al plano de la aletheología Heideggeriana, del período de Marburgo.

La verdad fue definida como descubrimiento, y el enunciado como apófansis o mostración. El Dasein mismo se ha definido como aperturidad, es decir que la existencia es esencialmente descubridora, y permanentemente yecta fuera de sí. Al proyectar, y ocuparse en el mundo, el Dasein desoculta entes en sus modos de aparecer, los ilumina con el resplandor del Cuidado. Cualquier modalidad del ocuparse intramundano resalta al ente, y le asigna su sentido desde un haber previo, arrebatándolo de su condición de oculto. Es por esto que la existencia se mueve en la verdad, puesto que su estructura íntima corresponde a la de la apertura, cuyo movimiento propio no es otro que el descubrir. Por ello afirma Heidegger que “El Dasein es en la verdad”7. El sentido primario y original de la verdad es la aperturidad del Dasein, y en segundo lugar, el carácter abierto del ente. Para la existencia, desplegarse es descubrir. Operar una lápiz es descubrirlo en el cómo de su aparecer, en este caso, “como un artefacto destinado a realizar trazos en el papel”. La circunspección atiende a la condición siempre modalizada del aparecer, (aparecer como necesario para una tarea, aparecer como obstáculo para un proyecto, aparecer como rojo, aparecer como pesado). El Dasein vive resaltando, descubriendo, subrayando aspectos; la condición de posibilidad de esta tarea es la estructura hermenéutica de la existencia. Inmerso en un mundo que consiste en relaciones entre significados (significatividad), el Dasein sólo puede desplegarse de modo interpretativo, entrando en el juego de la atribución y descubrimiento de sentidos, desde la base de lo ya tenido previamente. De este modo, la verdad es antes que nada, un patrimonio del Dasein; lo verdadero no habita primeramente en las cosas, ni se circunscribe exclusivamente al enunciado. En tanto que el Dasein es esencialmente su aperturidad, y que, por estar abierto, abre y descubre, es también “esencialmente verdadero”8 , “Sólo con la aperturidad del Dasein se ha alcanzado el fenómeno más originario de la verdad”9

5. El enunciado

Frente a la verdad como apertura, el enunciado conserva el estar al descubierto del ente del que habla. De este modo dispensa cada vez de una reejecución del acto descubridor, y sin embargo, queda dirigido hacia el ente. El enunciado, al ser expresado, se convierte en un ente a la mano dentro del mundo, con una relación esencial al referente. De aquí proviene la tradicional confusión sobre el problema de la concordancia: la verdad es entendida como una relación entre un ente que está ahí (el enunciado) con otro ente que está ahí (el referente), luego la misma relación se reviste del carácter del estar ahí, es decir, la relación es pensada como un ente.

Pero Heidegger nos advierte que el estar al descubierto es un fenómeno existencial, nunca un ente. El enunciado encierra un cómo del aparecer, es decir, expresa el estar al descubierto en el cómo de ese estar al descubierto. Luego, el enunciado será verdadero, o descubridor, si manifiesta al ente fielmente en el cómo de su aparecer. Lo que se evidencia en la verdad del enunciado es el estar descubierto del ente tal como es mentado en la enunciación, es decir, el ente aparece escorzado tal como fue enunciado. El enunciado muestra (apófansis) al ente con el mismo matiz con el que este se deja ver, y a esta coincidencia, damos el nombre de adaequatio. El enunciado que atribuye el ser verde al pizarrón se pliega al aparecer como verde del pizarrón. El enunciado no necesita de un tercero para acreditarse, sino que es él mismo en cumplimiento de sí mismo. De este modo la experiencia de la evidenciación de la correspondencia entre el enunciado y la cosa se expresa en un “esto es ello mismo”.

Este es el sentido en el que debe entenderse la adaequatio, y es así como salda el problema del puente por medio de una aproximación fenomenológica al problema. La estructura de la conciencia es intencional, a ella le pertenece íntimamente el “quedar drigida a”, por ello no es necesario buscar un intermediario entre el mundo interior y el exterior, ya que el mundo interior está intrínsicamente proyectado fuera de sí. El Dasein vive afuera. No hay ninguna ventana que abrir, ni abismo que conectar.

Como pudo verse, el ser verdadero sólo es permitido por el estar en el mundo, como condición de posibilidad para la aparición de entes. Si el mundo no perteneciese esencialmente al Dasein como red significativa, los entes no podrían mostrarse de ninguna manera, ni ser escorzados por ningún cómo, y por ello, el movimiento descubridor de la verdad no tendría nada sobre lo que desplegarse. Sólo si los entes vienen modalizados a la presencia, será posible elaborar enunciados que contengan los matices de su aparecer. (y. por consiguiente, construir un discurso científico)

6. La tematización y la modificación del descubrir

Ahora bien, ¿Que modificación introduce en el proceso existencial de descubrimiento, la expresión de un enunciado que tematiza al ente descubierto?. Comencemos por describir la estructura existencial que posibilita toda modificación del fenómeno del descubrir y enunciar: La estructura hermenéutica de la existencia se pliega al esquema formal de en tanto que. En el desplegarse de la existencia, en toda oportunidad, algo es comprendido en tanto que algo. Todo ente, acontecimiento, estado de cosas, nos adviene mediatizado por una vestidura significativa. Comprendemos al martillo en tanto que útil para una tarea, comprendemos una crisis económica en tanto que desfavorable para los negocios públicos o privados, comprendemos el acercarse de lo terrorífico, en tanto que perjudicial para la propia existencia.

La existencia nunca se expone a un ente así sin más, (de hecho, la consideración del ente en tanto ente, implica un fuerte trabajo desmundanizante, que persigue anular aquella originaria condición interesada y preteórica de la circunspección) Todo lo que viene a la presencia lo hace recargado de significatividad, el sentido del que un ente se recubre dice siempre relación al sentido de otros entes, y del mundo, como horizonte y condición de posibilidad.

La comprensión como existenciario, posee un sentido relacional, siempre comprende en tanto qué: en este sentido, decimos que “favorable para”, “en desmedro de”, “útil para”, “relacionado con”, “anterior o posterior a”, “mayor o menor que” “en favor de”, “en sí mismo”, “nocivo para”, “prescindible en”, “irrelevante en”, Son todas expresiones modales del estilo operativo de la comprensión, formalizados en la estructura común del en tanto qué. En toda oportunidad, alguna de estas formas, u otras similares mediatizan el comprender del Dasein. Frente a esto, enunciar es expresar algo en tanto que algo. El objetivo del enunciado es contener expresamente el “en tanto que algo”. En su labor enunciativa, el Dasein aporta, ofrece algo presente en aquello como lo cual está presente.

Por supuesto, la comprensión es cooriginaria con el Cuidado, cuya estructura fundamental es la del tener que ver con. Ahora bien, la actitud tematizante de la ciencia introduce modificaciones fundamentales en la organización hasta aquí descripta: En el enunciado, el “con que” (el ente) del “tener que ver con” (ocupación), se transforma en el “acerca de qué” de un mostrar (enunciado como apófansis). Sin dudas, este mostrar también es un “tener que ver con”, es decir, un modo del cuidado. El enunciado resalta la estructura del en tanto que por medio de la predicación, dividiendo al ente y el cómo de su venir a la presencia, y luego atribuyendo el uno al otro. De este modo aparecen las propiedades, características del discurso científico.10

El enunciado tematizante, divide al ente y sus formas de aparecer, por ello, atenúa el carácter pragmático del entretejido del mundo. El interés ahora puesto en el ente, ya no será el interés originario de la utilización, por el contrario, en la actitud tematizante, donde el ente se vuelve “aquello de lo que” se habla, debe suspenderse el trato ocupacional en el que el Dasein se encuentra originariamente inmerso; sólo mediante esta tregua los entes pueden sustraerse a la forma primaria y preconceptual de acceso a ellos (la circunspección) y aparecer como simples objetos de conocimiento y tema de un discurso. Los entes, que aparecen siempre según aspectos o cómos, son ahora separados del estilo fenoménico, y antepredicativo con el cual vienen a la presencia del Dasein. En la actitud temático – científica, se elide la pertenencia del ente al entretejido del mundo. Este proceso es llamado por Heidegger desmundanización.

Sólo una preeminencia, históricamente difundida de este modo predicativo de acceso a los entes pudo derivar en la tradicional e ingenua concepción del conocimiento de objetos como el modo primario de la relación de la existencia con el mundo. El Dasein afirmará Heidegger, no vive originariamente en un mundo de objetos, el objeto solo puede ser accesible en un proceso derivativo de desmundanización: El ente considerado en sí, o como ente para el conocimiento aparece al haber hecho abstracción del interés práctico del trato cotidiano. Sólo ahora el ente aparecerá como un sujeto, circundado por propiedades predicativas.

7. La verdad del discurso científico: fundación de la verdad predicativa en la verdad hermenéutica

Fue preciso detenernos en una serie de conceptos previos para construir la base teórica necesaria para abordar el tema que nos ocupa: ¿Que puede significar que las leyes de Newton no eran verdaderas hasta que fueron descubiertas, y posteriormente formuladas?. Heidegger enseña en sus lecciones de Lógica, que las ciencias tratan sobre lo verdadero, lo desoculto; es la lógica (filosofante) la que trata sobre la verdad de lo verdadero. No corresponde a las ciencias problematizar la naturaleza de la verdad, y sin embargo, ellas se mueven siempre en sus dominios. Las ciencias presuponen la posibilidad de hablar verazmente de algo, dan por sentado la capacidad de confeccionar y transmitir enunciados con sentido.

Sobre el problema de la presuposición de la verdad, Heidegger nos explica: “presuponer significa comprender a algo como el fundamento de ser de otro ente. Semejante comprensión de un ente en sus conexiones de ser sólo es posible en base a la aperturidad, es decir, al ser descubridor del Dasein”11

Cualquier tipo de comprender se funda en la apertura descubridora del Dasein, luego, en la verdad. Sólo la verdad permite algo así como una presuposición. Solo la posibilidad fáctica de poner al descubierto a los entes permite interpretar a algo como el fundamento de otra cosa. Si presuponer es comprender algo como fundamento de algo, el Dasein comprende la verdad (descubrimiento y apertura) como fundamento de su entregarse al trato con el mundo (el Cuidado); es necesario que los entes sean puestos en libertad para que el cuidado se extienda sobre ellos, y la existencia pueda anticiparse a sí. La verdad no es presupuesta como algo fuera de nosotros, sino como una característica de nuestra existencia. “Como este presuponerse le pertenece al ser del Dasein, entonces “nosotros” debemos presuponernos “a nosotros mismos” en cuanto determinados por la aperturidad”12.

Las ciencias se mueven y desarrollan abrigadas por una posibilidad de la existencia: La verdad como descubrimiento. Sólo si es posible desocultar fenómenos en el cómo de su venir a la presencia, quedará permitido un acceso derivado a ellos, que los recorta del entretejido del mundo, los separa de sus aspectos y matices, para luego atribuírselos como propiedades en una enunciación tematizante, dejándolos convertidos en objetos de conocimiento.

El proceso de transformación del originario descubrir de la existencia, en el enunciado científico objetivante se cierne a la siguiente lógica: 1) Presuposición de la verdad, que acredita todo el proceso: la verdad es posible, porque el Dasein es esencialmente abierto y descubridor 2) Descubrimiento antepredicativo de la circunspección, desde un tener previo que se confirma, modifica o anula 3) Movimiento de desmundanización, que independiza a los entes del inmediato interés práctico del trato cotidiano, y suspende la interconexión significativa del mundo 4) enunciación temática, expresión, predicación; el ente se ha vuelto objeto, del cual se predican propiedades. Así es como una vivencia se convierte en tema de un enunciado científico. Una vez más, y en términos formales, el “con que” del “tener que ver con” (estructura del cuidado) se convierte en el “acerca de qué” de un enunciado mostrativo. Por supuesto, no debe entenderse este proceso como una serie entrecortada de pasos progresivos, los movimientos descriptos son interdependientes, y se pertenecen unos a otros, algunos fundando, otros siendo fundados.

La presuposición de la verdad circunda y garantiza todo el proceso, en este sentido puede afirmarse que la verdad es anterior a la ciencia, y la ciencia, uno de sus modos. ¿Significa esto que los entes son portadores de una verdad, a la cual la ciencia debe plegarse?, ¿debe la ciencia someterse a la verdad que existe con anterioridad en el mundo? Responderemos: La anterioridad de la verdad es de carácter existencial, no nombra una propiedad de los entes, ni del mundo, entendido como conjunto exterior de entes, sino un aspecto de la esencia descubridora del Dasein. La anterioridad de la verdad es la presuposición del Dasein como esencialmente abierto y descubridor.

Luego, la verdad predicativa se funda en la verdad hermenéutica de la existencia. No puede haber verdad allí donde no hay una existencia descubridora, dispuesta a arrebatar entes al estado de ocultamiento, incluirlos en proyectos, e interpretarlos en función del interés.

La frase con la que dimos inicio a nuestras reflexiones afirmaba que antes de ser descubiertas, las leyes de Newton no eran verdaderas: estamos en condiciones de explicitar el sentido de esta afirmación. En primer lugar, analicemos la propuesta contraria, esta supondría que las leyes eran verdaderas antes de ser descubiertas, pero, ¿en qué sentido “hay” verdad antes del Dasein?. La pregunta presupone una cierta caracterización de la verdad, ésta es comprendida como un ser-ahí, como una propiedad del ente, o de los estados de cosas que acontecen ante los ojos (vorhandenheit). Esta interpretación de la verdad, independiente del descubrimiento se asocia con el trascendental verum de la escolástica, la verdad sería convertible con el ente, o mas bien, todo ente, por el hecho de ser, sería verdadero; también se relaciona con el segundo sentido cotidiano de verdad expuesto anteriormente: es en este sentido que decimos que “2 x 2 = 4” es “una verdad” o que “toda acción experimenta una reacción de igual intensidad y sentido opuesto” es “una verdad”. Ambas proposiciones parecen ser verdaderas, o más precisamente, “verdades” y serlo atemporalmente, y para todo ser cognoscente. Esto es lo que se dice al afirmar que “Hay” verdad antes del Dasein. Desde esta postura, una verdad sería algo ya constituido en su valor, algo que está allí para nosotros, algo ya capaz de expresar el mundo tal como este se muestra, que contiene una porción efectiva de la realidad, y fundamentalmente, algo que espera ser descubierto.

Pero Heidegger nos advierte que lejos de ser algo que aguarda por su descubrimiento, la verdad es el proceso mismo de descubrir, y paralelamente, lo que queda descubierto. ¿Encontrará la verdad su morada en las proposiciones, o en las cosas?, respondemos: en ambos, pero nunca originariamente. Tanto la verdad de la proposición como la del ente se fundan y son posibilitadas por la estructura hermenéutica de la existencia. En su sentido más primario, la verdad no habita, sino que es un hábitat.

Cuando se afirmó que las leyes de Newton no eran verdaderas, ¿se quiso decir acaso, que hasta antes de ser formuladas las leyes del movimiento, el mundo no se regía por los principios de inercia, acción-reacción, y semejantes? De ningún modo. Se vivía en una comprensión preconceptual de tales leyes, se habitaba en un mundo que se comportaba de manera legal, en términos de Husserl, experimentábamos el “estilo causal” del mundo. El análisis de la frase ha puesto de manifiesto el lugar donde radica una confusión fundamental, a saber, la falsa equivalencia entre verdad y efectividad causal en el mundo. En la opinión cotidiana, se admite, como uno de los sentidos posibles, que la verdad constituye una propiedad de los hechos y objetos, a la cual el discurso debe someterse; el conocimiento debe ocuparse de acceder a ellos, y hacerlos manifiestos mediante la expresión enunciativa. Pareciera que mientras el conocimiento no triunfa en su labor manifestante, los objetos y hechos no pierden su carácter de verdad, puesto que seguirían teniendo una influencia en el mundo, verificable a posteriori. Así, podría comprobarse ulteriormente que mientras permanecieron ocultos, nada de su esencia se vio modificado, y su operar sobre el mundo nunca resultó interrumpido. Desde esta perspectiva, el hecho de no haber descubierto aún a aquellos objetos, fenómenos y estados de cosas, no suspendería su influjo sobre el mundo, y por tanto, no disminuiría su verdad. Cuando tales leyes, entes y hechos son desocultados por la investigación científica, adviene un consiguiente proceso de acreditación retrospectiva: La confirmación de que esta ley hoy expresada en proposiciones, rige actualmente, y siempre ha regido el estilo causal del mundo. En otras palabras, según esta postura, la expresión en proposiciones jamás vuelve verdadera una ley, simplemente expresa la verdad que ella siempre ha contenido.

Pero -y aquí yace la distinción- ejercer un influjo sobre el mundo, participar en un encadenamiento causal, introducir cambios en los estados de cosas, regir las relaciones entre entes, no son caracteres convertibles con ser verdadero. La verdad pertenece a un género diferente del de la efectividad causal. Estas características de los estado mundanos y las leyes que los rigen, se deslizan hacia el plano de lo alosemiótico13, el “más allá” del espacio semántico, aquello que no posee sentido de suyo, sino hasta tanto resulta incorporado por la existencia que descubre. Claramente afirma Heidegger: “Sólo el Dasein “tiene” sentido, en la medida en que la aperturidad del estarenelmundo puede ser “llenada” por el ente en ella descubrible. Por eso, sólo el Dasein puede estar dotado de sentido o desprovisto de él14

Cuando se afirma que las leyes de Newton no eran verdaderas, no se pretende sostener que ellas no regían efectivamente los movimientos de los entes, sino simplemente que carecían del estado de desoculto propio de un ente manifestado por la apertura. Aún no habían sido mostradas en lo que eran, en el cómo de su regir, por ello, aún no podían ser tematizadas en proposiciones, y consecuentemente, tampoco les era permitido el ingreso al complejo de proposiciones denominado ciencia. Ahora bien, el Dasein nunca comprende desde una absoluta falta de noticia (círculo hermenéutico), es decir que antes de su formulación, vivíamos inmersos en las leyes, participábamos de un comprender previo, nuestros proyectos se desarrollaban en el interior de una vivencia habitual del modo inercial y gravitacional del acontecer mundano; sin embargo, hizo falta la llegada de un descubridor para introducir en aquellos patrones una modificación de estatus, que los calificó de verdaderos, en el sentido de desocultos. Diremos aún más, si la ley es un tipo de proposición, cuyo contenido ideal es una regularidad mundana, y ya interpretamos la formulación de proposiciones como una posibilidad del Cuidado, fundada en el primario descubrir de la apertura, puede concluirse que mientras no fueron descubiertas, las leyes de Newton sencillamente no eran leyes. Podríamos calificar aquellas regularidades vivenciales como “efectivas”, “fácticas”, “experienciales”, “operantes”, pero no aún de “verdaderas”, ni tampoco “legales”.En virtud de las leyes de Newton, ciertos entes se hicieron accesibles para el Dasein, así es como opera la verdad, el ente se muestra como este que ya era antes, adquiriendo la configuración formal de “esto es ello mismo”, pero nunca desde una absoluta incomprensión.

De lo dicho se desprende que la verdad es un constitutivo de la estructura hermenéutica de la existencia; decir que “Hay” verdad es afirmar que el Dasein es esencialmente descubridor: “que hay “verdades eternas” sólo quedará suficientemente demostrado cuando se logre probar que el Dasein fue y será por toda la eternidad. Mientras esto no se pruebe, la frase no dejará de ser una afirmación fantástica que no cobra legitimidad por el hecho de que ordinariamente es “creída” por los filósofos” 15

Conclusión

Las distinciones hasta aquí realizadas, persiguieron el objetivo de reconducir, en compañía de Heidegger, la cuestión de la verdad a su terreno más propio, combatiendo prejuicios que han dominado históricamente cualquier aproximación al problema, fundamentalmente, la consideración de la proposición como lugar propio y modelo para todo tipo de verdad. Heidegger se empeña en mostrar que todos ellos son modos derivados de un sentido originario de la verdad: la verdad de la existencia. De ese objetivo, surgieron algunas distinciones:

El sentido originario de la verdad es el de apertura como existenciario. La apertura posibilita el descubrimiento (a-letheia), verdad es exponer al ente tal como éste viene a la presencia, luego, el Dasein existe en la verdad, ya que su ser es esencialmente descubridor y abierto.

A su vez, el enunciado tematizante de la ciencia se funda en el descubrir, es una modificación de la estructura del cuidado, introduce una variación en el tener que ver con, convirtiendo al con qué en el acerca de qué de la enunciación. Para acceder a ese estadio, es necesario un proceso de desmundanización, que pone entre paréntesis la significatividad mundana, y el trato primario con los entes, trato utilizador, en el que el Dasein se encuentra cotidianamente sumido. La posibilidad del enunciado tematizante se asienta en la estructura hermenéutica de la existencia, sólo si es ónticamente posible el desocultar entes en el cómo de su aparecer, quedará permitida una posterior exposición predicativa de tales matices. A su vez, el juicio no es el lugar de la verdad, sino que la verdad es el lugar del juicio. El juicio que compone y divide, se basa en la apertura que descubre.

Por último, la verdad no es equivalente a la efectividad causal de un ente en el mundo. Antes de ser descubierto, el ente bien puede tener un influjo sobre el medio circundante, o simplemente estar ahí, con independencia de su estado de desoculto, pero sólo podrá ser calificado de verdadero en tanto que se vuelva objetivo de la aperturidad de una existencia, sólo adquirirá relevancia semántica en tanto una existencia se encuentre concernida por él “en tanto que algo”. Antes de su descubrimiento, el ente pude calificarse de real, efectivo, causante, pero no aún de verdadero.

Ahora queda clarificada la cita disparadora: la calificación de “verdadero” constituye una categoría que habla de la relación descubridora entre los entes y el único ente al que le incumbe su propio ser; no se trata de un calificativo primariamente perteneciente a los entes, y sin embrago, esto no disminuye la efectiva presencia ni influencia de tales entes en el mundo. El resultado de todas estas distinciones nos informa que la verdad es un carácter de ser de la existencia, no hay verdad por fuera del existir humano. Sobre la interdependencia entre Dasein y verdad, Heidegger afirma: “Aún cuando nadie juzgara, se presupondría la verdad por el hecho de que el Dasein es16. La verdad no puede ser demostrada, sólo presupuesta, de hecho la verdad como apertura antecede y posibilita toda presuposición. “La V no puede ser demostrada en su necesidad, porque el Dasein no puede someterse a si mismo a demostración.”17. Sólo “hay” verdad donde y mientras el Dasein es; la labor científica constituye uno de los modos del cuidado, se trata del despliegue de una de las posibilidades de la existencia, en la cual el Dasein se entrega a un “vivir científicamente”. La ciencia, en búsqueda de las leyes rectoras del mundo, presupone y desarrolla el carácter descubridor del Dasein, pero pagando el precio de alejar a la vida de su originario interés preconceptual.



* Luciano Mascaró




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-Subjetividad radical y comprensión afectiva, el rompimiento de la representación en Rickert, Dilthey, Husserl y Heidegger. México: Plaza y valdés/Universidad Iberoamericana, 2007

Fecha de recepción: 3 de enero de 2012

Fecha de Aceptación: 15 de enero de 2012

 
1 Heidegger, Martin, Ser y Tiempo, Madrid: Trotta, 2006, p.247
2 Traducido al castellano por J. Alberto Ciria: Heidegger, Martin, Lógica, La pregunta por la verdad, Madrid: Alianza, 2004.
3 Cfr. Heidegger, Ser y Tiempo, p.108
4 Heidegger, Lógica, p.111
5 Heidegger, Lógica, p.88
6 Cfr. Heidegger, Ser y Tiempo, §41
7 Op. Cit, p. 241
8 Ibid.
9 Ibid.
10 Cfr. Op.Cit., p.129
11 Op.Cit., p.248
12 Op.Cit., p.249
13 Cfr. Lotman, Iuri, La Semiosfera I,Semiótica de la cultura y el texto. Valencia: Ed. Cátedra (trad. de Desiderio Navarro), pp.12-14. Asimismo, en relación directa con esta temática, remito al artículo de Adrián Bertorello: Semiosfera y Mundo: ensayo sobre un posible diálogo entre Lotman y Heidegger, en la Revista LSD: Lenguaje, Sujeto y Discurso, 1, Buenos Aires, pp. 15-19
14 Heidegger, Ser y Tiempo, p.175
15 Op.Cit., p.247
16 Op.Cit., p.249
17 Ibid.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 13 / 2011




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