Buscar//InicioNúmero ActualArtículosDocumentosAgendaPostgradoQuienes SomosContactoLinks//
--------------------------
Revista Observaciones Filosóficas


Revista Observaciones Filosóficas

Categorías
Psicología y Antropología | Filosofía Contemporánea | Lógica y Filosofía de la Ciencia | Estética y Teoría del Arte
Literatura y Lingüística Aplicada | Ética y Filosofía Política

Artículos Relacionados


enviar Imprimir

art of articleart of articleFilosofía analítica y filosofía continental

Dr. Brian Leiter - Universidad de Texas, Austin

Filosofía "analítica" denomina hoy un estilo de hacer filosofía, no un programa filosófico o un conjunto de puntos de vista sustantivos. Los filósofos analíticos, crudamente hablando, apuntan a la claridad y precisión argumentativa; utilizan libremente las herramientas de la lógica; y a menudo se identifican, profesional e intelectualmente, más estrechamente con las ciencias y la matemática, que con las humanidades (es justo decir que la "claridad", lamentablemente, está volviéndose un rasgo cada vez menos distintivo de la filosofía "analítica"). Las figuras fundamentales de esta tradición son filósofos como Gottlob Frege, Bertrand Russell, el joven Ludwig Wittgenstein y G.E. Moore; otras figuras canónicas incluyen Carnap, Quine, Davidson, Kripke, Rawls, Dummett, y Strawson .

Filosofía "continental", en contraste, demarca a un grupo de filósofos franceses y alemanes de los siglos XIX y XX. La etiqueta geográfica es engañosa: Carnap, Frege, y Wittgenstein eran todos productos del continente europeo, pero no son filósofos "continentales". La figura fundamental de esta tradición es Hegel; otras figuras canónicas incluyen los otros idealistas alemanes postkantianos (por ejemplo, Fichte, Schelling, Schopenhauer, Kierkegaard, Marx, Nietzsche, Husserl, Heidegger, Merleau-Ponty, Sartre, Gadamer, Horkheimer, Adorno, Marcuse, Habermas, y Foucault). La filosofía continental se distingue por su estilo (más literario, menos analítico, a veces simplemente oscuro), sus preocupaciones (más interesada en problemas políticos y culturales reales y, hablando laxamente, la situación humana y su significado), y algunos de sus compromisos substantivos (más autoconsciente de la relación de la filosofía a su situación histórica).

Aunque parece ser un punto de vista extendido en humanidades que la filosofía "analítica" está "muerta" o "muriendo", la situación profesional de la filosofía analítica sencillamente no confirma esto. Todas las universidades de la Yvy League, todas las principales universidades de investigación estatales, todos los campus de la Universidad de California, la mayoría de los top colleges de Artes Liberales, se jactan de departamentos de filosofía que abrumadoramente se autoidentifican como "analíticos": es difícil imaginar un "movimiento" que esté más académica y profesionalmente atrincherado que la filosofía analítica.

Hay, claro, un sentido importante en que la filosofía "analítica" - como programa de investigación sustantivo - está muerto. La idea que la labor intelectual es pulcramente divisible entre filósofos y científicos empíricos; que los filósofos tienen un método especial (el "análisis conceptual") para resolver los problemas; que los problemas filosóficos son esencialmente solucionables a priori, desde el sillón - todos estos compromisos substantivos en gran medida han muerto, gracias a Quine y otros. La filosofía "analítica" es hoy, la más ricamente interdisciplinaria de todas las humanidades - aun cuando "analítico" describa sólo un estilo, no un programa sustantivo de investigación. De hecho lo que distingue a la filosofía analítica, incluso más que el estilo, es su adopción del paradigma de investigación común a las ciencias naturales, un paradigma en el que numerosos investigadores individuales hacen pequeñas contribuciones a la solución de un conjunto de problemas generalmente reconocidos.

Las críticas hacia la filosofía "analítica" son familiares: árida, aislada, aburrida, obsesionada con piezas de la lógica, irrelevante. Las críticas no carecen de alguna verdad. Claramente, los 'mejores' filósofos analíticos no resuenan con las preocupaciones de la cultura más amplia del modo en que figuras como Nietzsche y Sartre lo hacen. Los filósofos analíticos a menudo pierden el bosque tras los árboles, y a menudo han permitido a la ingeniosidad dialéctica triunfar sobre el buen sentido (y a veces sobre la ciencia!) en relación a los puntos de vista que defienden.

Típico de las dudas sobre la filosofía analítica es la reciente queja de William Barrett que "un filósofo 'analítico'... gana este título escudriñando las consecuencias de esta o aquella proposición particular como si archivara un informe legal.... Pero la filosofía es un modo de ver antes que un tedioso oficio de informes de abogado" (La ilusión de la técnica [1978], pág. 66). Nótese que un portavoz representativo de la ortodoxia analítica puede esencialmente hacerse eco de Barrett, aunque con una evaluación bastante diferente: "La filosofía no es primariamente un cuerpo doctrinal, una serie de conclusiones, o sistemas, o desplazamientos. La filosofía... reside en el planteamiento detallado de preguntas, clarificación de significados, desarrollo y crítica de argumentos, prueba de ideas y puntos de vista. Reside en los aspectos, matices, estilos, disputas, y revisiones de autores individuales", todo lo cual constituye "la grandeza, riqueza, y sustancia intelectual de nuestro tema" (Tyler Burge, "Filosofía del lenguaje y mente: 1950-1990", Philosophical Review 101 (1992), pág. 51). Ninguno de ambos extremos es demasiado plausible: por ejemplo, la duradera importancia de Platón, Kant, y Hegel entre otros, tiene ciertamente relación con su "modo de ver", aunque estos pensadores también se han distinguido por su atención al "desarrollo y crítica de argumentos". Nietzsche bien podría haber estado hablando de los filósofos analíticos cuando escribió de sus contemporáneos en la filología clásica del siguiente modo: "Casi siempre los libros de los eruditos son de algún modo abrumadoramente opresivos: el "especialista" surge de alguna parte - su celo, su gravedad, su furia, su sobrestimación del rincón en que él se asienta y teje, su jorobada espalda; todo especialista tiene una giba en la espalda. Todo libro erudito también refleja un alma que se ha deformado; toda destreza crea deformaciones.... Nada puede hacerse acerca de ello. Nadie se permita suponer que uno podría posiblemente evitar tal cojera por algún artificio educativo. En este mundo uno paga amorosamente por cada tipo de dominio.... Por tener una especialidad uno paga también siendo víctima de esta especialidad. Pero usted podría hacerlo de otro modo, - más barato, más hermoso y ante todo más cómodo - no hay derecho, mis estimados contemporáneos. Bien, entonces, pero en ese caso usted también consigue inmediatamente algo más: en lugar de artesanía y dominio, el "hombre de letras", el diestro, el "polidiestro" hombre de letras quien, seguramente, carece de la espalda corvada - no contando la postura que ellos asumen ante usted, siendo vendedores del espíritu y "transmisores" de la cultura - el hombre de letras que realmente no es nada pero "representa" casi todo, jugando y "reemplazando" para el experto, y tomando modestamente todo sobre sí mismo para conseguir ser recompensado, honrado, y celebrado en lugar del experto.

No, mis eruditos amigos, yo incluso bendigo su combada espalda. Y despreciando, como lo hago, a los "hombres de letras" y parásitos de la cultura. Y por no saber cómo hacer un negocio del espíritu. Y por tener opiniones que no pueden traducirse en valores financieros. Y por no representar nada de lo que usted no es. Y porque su solo objetivo es hacerse maestros en su oficio, con reverencia para todo tipo de maestría y competencia, y con oposición inflexible a todo lo que sea semejanza, semi-genuino, vestidura, 'como virtuoso', demagógico, o histriónico in litteris et in artibus - a toda cosa que no pueda demostrar probidad incondicional en disciplina y entrenamiento previo" [La Gaya Ciencia, sec. 366]

Estos comentarios permanecen tan adecuados hoy como lo fueron hace más de un siglo. Cualquiera sean las limitaciones de la filosofía "analítica", es lejos claramente preferible a lo que ha ocurrido en campos humanísticos como el inglés que han colapsado en gran medida como disciplinas serias mientras se convierten en almacén para la mala filosofía, mala sociología, y mala historia de todo el mundo(con seguridad "celebridades" de profesores de inglés como Stanley Fish y Andrew Ross son finos ejemplos contemporáneos de "el hombre de letras que realmente no es nada pero 'representa' casi todo, jugando y 'sustituyendo' para el experto, y tomándolo sobre sí mismo con toda modestia para lograr ser pagado, honrado, y celebrado.... "). Cuando es comparado al desatino de estudiante que pasa por "filosofar" en la amplia cultura académica - a menudo en campos como el inglés, derecho, ciencias políticas, y a veces historia - uno sólo puede tener el más alto respeto por el rigor intelectual y especialización de los filósofos analíticos. Ello es también debido a que la filosofía analítica sigue siendo mucho más una especialidad que es posible clasificar en departamentos: las normas de éxito y logro son relativamente claras, sostenidas como están por una amplia, docta y especializada comunidad.

De hecho, es justo decir que la filosofía analítica es el movimiento filosófico más contínuo con la "gran" tradición en filosofía, la tradición de Aristóteles y Descartes, de Hume y de Kant. Sólo los filósofos analíticos aspiran al nivel de sofisticación argumentativa y profundidad filosófica que distinguen a los grandes filósofos - aun cuando los filósofos analíticos típicamente fallen en lograr las grandes visiones, los "modos de ver" de las grandes figuras históricas.

Al mismo tiempo, los filósofos analíticos generalmente se han vuelto intolerablemente triviales y superficiales una vez que se aventuran más allá de los problemas y métodos técnicos para los cuales su entrenamiento especializado mejor se adecua, e intentan asumir el manto de "intelectuales públicos" tan a menudo asociado con las figuras continentales. Los mejores filósofos analíticos normalmente son muy inteligentes (diestros, rápidos, analíticamente agudos), pero menos a menudo profundos. Una persona reflexiva, instruida, todavía encontrará mucho más nutrimento de los escritos de Schopenhauer o Nietzsche, que de los esfuerzos de algunos filósofos "analíticos" por devenir críticos sociales o proveedores independientes de sabiduría existencial. Aun como disciplina, en la cuál son reclutados estudiantes para hacer trabajos doctorales, es un poco tonto pensar que los Departamentos de Filosofía pueden entrenar Nietzsches. El genio, puede uno esperarlo, encontrará su camino en el mundo sin el beneficio de clasificaciones jerárquicas. Pero para aquéllos que quieren seguir una carrera erudita en filosofía, uno no puede hacer nada mejor que seguir el entrenamiento en filosofía analítica - aun cuando uno planee trabajar, finalmente, sobre Hegel o Marx o Nietzsche. Como Julian Young observara, (en el Suplemento Literario del Times, del 10 de julio de 1998, pág. 17):

"La tradición continental contiene lo más grande, realmente una sinopsis, del pensamiento europeo de los últimos 200 años. Por eso es que... mientras que la filosofía analítica ha demostrado ser de poco o ningún interés para las humanidades en sí mismas, el impacto de la filosofía continental ha sido enorme. Pero hay también mucho de (principalmente francés) charla engañosa en la tradición continental. Por ello es que hay una poderosa necesidad de filósofos equipados con la metodología analítica para trabajar dentro de... la tradición continental - para extraer el oro de la paja".

 
Dr. Brian Leiter
Universidad de Texas - Austin
E.E. U.U.


| Revista Observaciones Filosóficas © 2005 -    Adolfo Vásquez Rocca [Director) | Daniel Vásquez [Diseño] - Hosting y Dominio: DanoEX |