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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleFilosofar Pragmático: ¿Filosofar para la Praxis o Desde la Praxis?1

Dr. Mirko Skarica - Pontificia Universidad Católica de Valparaíso

Es frecuente calificar de pragmatistas a filósofos contemporáneos como Wittgenstein o Heidegger, pero también se puede leer el rechazo de tal calificación de parte de alguno de ellos, como en el caso del mismo Wittgenstein, por ejemplo. Para muchos el pragmatismo consiste en identificar lo verdadero con lo útil, y en tal sentido se suele aceptarlo o rechazarlo. ¿Qué se ha de entender por filosofar pragmático? El presente artículo propone una distinción que puede delimitar las diferencias y problemas que pueda suscitar la calificación de pragmatista. Básicamente se sugiere hacer la distinción entre el filosofar en orden a la praxis y filosofar poniendo como fundamento del análisis filosófico la praxis como tal, en el caso de Heidegger, por ejemplo, o algún tipo de praxis, como la lingüística, en el caso de Wittgenstein.

La cuestión acerca del filosofar pragmático o de la filosofía pragmatista se justifica desde el momento en que aparece una abundante literatura que está destinada a destacar la acogida del pragmatismo en la filosofía y la difusión del filosofar pragmático. Algunos ejemplos que se pueden citar son el libro de Hans Lenk: Pragmatische Philosophie, en que sostiene que la filosofía debe tener hoy en día una orientación pragmática, para salir así de su enclaustramiento académico. Se puede citar también el libro de varios autores españoles: El retorno del pragmatismo, en que se parte de la base de la existencia de un cierto pragmatismo en Descartes, e incluso en Aristóteles, aparte del pragmatismo que caracterizaría a Heidegger y Wittgenstein. También se puede tener presente aquí el libro de Robert B. Brandom: Making it explicit, en que sostiene que la orientación de la filosofía analítica es pragmática o pragmatista, y cuyos antecedentes se hallan lejanamente en Kant, pero directamente en Frege y Wittgenstein. O bien se puede consignar el libro de Mark Okrent: Heidegger's Pragmatism, que defiende una suerte de verificacionismo pragmático en la obra Ser y tiempo y un pragmatismo trascendental en el último Heidegger. Y en relación con el mismo Heidegger, el libro Heidegger und die praktische Philosophie, en el que Karl Friedrich Gethmann quien sostiene que Ser y tiempo constituye en la más temprana concepción de un pragmatismo consecuente en la filosofía alemana. En forma ya no tan directa, pero sí relevante, se puede tener en cuenta en esta apología del pragmatismo contemporáneo, una de las reflexiones de Karl Popper en su obra Los dos problemas fundamentales de la Epistemología, en que considera que la orientación pragmática es la única salida viable para la comprensión de las leyes de la naturaleza con respecto a los casos particulares. Otras obras se pueden seguir citando, entre ellas, por ejemplo, La renovación pragmatista de la Filosofía analítica, de Jaime Nubiola, en que se destaca el giro pragmático de la filosofía del lenguaje.

Sin embargo, si bien es frecuente este tipo de consideración respecto del filosofar contemporáneo, es patente que no es menos frecuente la cuestión que paralelamente se suscita debido a la ampliación del concepto de filosofía pragmática o pragmatismo. La cuestión puede ser expresada más o menos en los siguientes términos: ¿En qué sentido se entiende el pragmatismo o lo pragmático, cuando se hacen extensivos estos términos para calificar la filosofía contemporánea? Una definición al respecto no sólo es exigida, sino que ha sido hecha por algunos autores, cuya filosofía ha sido entendida normalmente como un pragmatismo. Tal es el caso de Austin, por ejemplo, quien al exponer su doctrina de los actos de habla en How to do things with words aclara que su doctrina no es propiamente un pragmatismo. Otro tanto hace Wittgenstein en Remarks on the Philosophy of Psychology. A estos autores se ha de sumar Lenk, quien distingue entre filosofar pragmático, propiamente tal, y pragmatismo. Y se ha de sumar también Popper, quien, si bien considera que la solución a su problema epistemológico es viable por la vía del pragmatismo, postula, sin embargo, un pragmatismo consecuente, que lo separaría del pragmatismo sin más. La cuestión aquí es: ¿Qué se entiende por pragmatismo, cuando se exige una tal distinción? Al repasar las razones de los autores citados, la distinción se hace respecto a lo que clásicamente se ha entendido por pragmatismo, a saber, la doctrina que identifica lo verdadero con lo útil, y que se atribuye a William James. Así Austin, una vez expuesta su doctrina de los actos de habla, dice: "Esta doctrina es totalmente distinta de la que han sostenido los pragmatistas, para quienes verdadero es lo que da buenos resultados, etc".2. Wittgenstein, cierta vez, se responde a sí mismo por qué no se considera pragmatista: "No, porque yo no digo que una proposición es verdadera si es útil"3. En el caso de Lenk, el filosofar pragmático que propone no es pragmatista, según su concepto, porque no sostiene, entre otras cosas, la tesis de James en el sentido de que "sólo lo que es fecundo es verdadero"4. En cuanto a Popper, éste sustenta una vía pragmática, pero que no identifique valor de verdad con utilidad, y que denomina 'pragmatismo consecuente'5.

En los casos citados, está claro que hay una concepción del pragmatismo que es rechazada, a saber, la doctrina que identifica lo verdadero con lo útil. Pero también está claro que se reconoce una aproximación a dicha concepción. Cabría preguntarse, entonces que es lo más propio del pragmatismo, que hace plausible una ampliación del concepto a otras maneras de filosofar, como la de Austin, la de Wittgenstein, o la de Heidegger. Podría pensarse que para una respuesta a esta cuestión sería necesario examinar las corrientes de pensamiento que se reconocen expresamente como pragmatistas. Pero esta tarea parece en principio muy difícil, si no imposible, a juzgar por lo que dice Angel Manuel Faerna al respecto, a partir de los autores que son reconocidos históricamente como pragmatistas: Charles Sanders Peirce y William James: "Entre sus rasgos más característicos está la gran variedad de forma y fórmulas en que progresivamente fue tomando cuerpo, lo que hace difícil definir con precisión sus contornos"6. Ello lleva a que no haya un criterio unitario que permita reconocer qué filosofías son propiamente pragmatistas, lo que torna inútil el término: "Así se explica también que el adjetivo 'pragmatista' sea hoy de dudosa utilidad para definir a un filósofo o para tipificar una idea: lo que puede ser calificado de esa manera es a estas alturas tan heterogéneo -y a veces tan extraño al pragmatismo original, con toda su borrosidad- que el término casi puede darse por definitivamente perdido"7. Sin embargo, a pesar del juicio de Faerna, hay autores que no dan por perdido el calificativo en cuestión, como se ha visto, y reconocen como pragmatistas al pensamiento de algunos filósofos; aún más, entre los autores citados al inicio, hay quienes definen la tarea del filosofar en sentido pragmático. Pues bien, un análisis de aquello que motiva a los diversos autores al uso de tal denominación puede tal vez permitirnos detectar algún rasgo en común en todos ellos respecto de lo que entienden por filosofar pragmático y que resulte a su vez común con el pragmatismo original, de modo que permita justificar la ampliación del concepto a corrientes filosóficas contemporáneas tan diferentes entre sí.

Entre los que califican como pragmatistas a algunos autores está Salvador Mas, para quien es pragmatista la filosofía que "sostiene que los conceptos y la fijación de las creencias y del significado se vinculan con la práctica"8. De acuerdo a tal caracterización, Mas considera que hay reflexiones de Aristóteles que son pragmáticas. Tal sería el caso de la concepción aristotélica de la inducción en los Analíticos Primeros (no así en los Tópicos), puesto que la concebiría como un procedimiento argumentativo para justificar hipótesis ya formuladas, y no para adquirir conocimiento, lo que lo acercaría a Peirce en tal respecto9. La concepción de la inducción, así entendida, se orienta a la praxis científica, lo que la torna una concepción pragmática, en el sentido definido. Jacobo Muñoz, en el mismo sentido, considera que la filosofía cartesiana es en cierto sentido pragmática, aunque con cierta prudencia califica a éste más bien de 'praxeólogo', en razón de que "una y otra vez insistió Descartes, en efecto, en que el conocimiento no poseía su valor en y por sí mismo, sino que su 'plenificación' tenía, ante todo, que cifrarse y encontrarse en su aplicación -en la medicina, en la mecánica, en la moral...-a tareas prácticas capaces de ser dominadas de un modo racional"10. Tenemos, entonces, que la filosofía de Descartes es pragmática o 'praxeológica', porque está orientada a la praxis. Aparte de estos juicios, se halla el de algunos que definen lo que entiende por pragmatismo en filosofía. Para Lenk, por ejemplo, la filosofía, si quiere renovarse y así salir de su enclaustramiento académico, debe orientarse a la praxis humana: "Es necesario, dice, un nuevo comprometimiento social y público de la filosofía, una nueva filosofía pragmática, una filosofía de cuestiones de la vida práctica, inclusive precisamente de las cuestiones sociales y de los problemas planteados por las circunstancias sociotécnicas y también económicas y ecológicas"11. Lenk resume del siguiente modo el programa de una filosofía orientada a la praxis: "El filosofar pragmático tiene que dedicarse con más intensidad a cuestiones práctico-vitales de la actualidad, tiene que participar más activamente en la discusión de las ciencias aplicadas y de la técnica, de la economía, de la política y de lo social..."12. Jaime Nubiola, por su parte considera que la filosofía del lenguaje en la actualidad ha tomado en cierto modo ese derrotero, vinculándose a problemas prácticos: "la reflexión filosófica acerca del lenguaje está cada vez más vinculada con el estudio de algunos problemas prácticos. Este es el ámbito de lo que ha venido en llamarse filosofía aplicada, es decir, el ámbito de la efectiva aplicación de la filosofía a la solución de esos problemas en los que el lenguaje es un elemento decisivo, a la comprensión de sus causas y a la elucubración de las posibles soluciones"13. Hasta aquí, lo peculiar de la filosofía pragmática consistiría en su orientación a la praxis, en tanto se trata de un filosofar para la praxis. Hilary Putnam supone justamente esta caracterización de la filosofía pragmática, cuando trata de resolver la cuestión acerca del pragmatismo de la filosofía de Wittgenstein. En efecto, Putnam resuelve la cuestión: "¿Wittgenstein era un pragmático?", partiendo de la comparación de Wittgenstein con Kant, y considera que el pragmatismo de ambos está dado por la primacía que le confieren ambos a la razón práctica, en razón de la intención moralizadora de su pensamiento: "quiero concluir sosteniendo precisamente que la filosofía de Wittgenstein tiene también una intención moralizadora y que muestra, por un camino distinto, el mismo tema: la primacía de la razón práctica, enunciada por la filosofía de Kant, aunque desde una particular perspectiva de redimensionamiento""14 De algún modo Nubiola se suma al parecer de Putnam sobre Wittgenstein. Así, pues, si bien trata de explicar por qué Wittgenstein no se consideró en algún momento un pragmatista, destaca el hecho de que éste, en sus reflexiones últimas, reconoce su proximidad con el pragmatismo, al decir expresamente: "Estoy tratando de decir algo que suena como a pragmatismo"15. Pero conforme se aprecia en las razones de Nubiola, el pragmatismo de Wittgenstein se reduciría a la primacía que le otorga a la razón práctica; a la valoración de la dimensión práctica del conocimiento16. Esta dimensión pragmática del filosofar, según Nubiola, ha servido para renovar la filosofía en términos de orientarla a la praxis: "Es en este sentido... en el que la orientación pragmatista ofrece sugerencias de extraordinario valor para abordar algunos de los problemas más persistentes de la filosofía contemporánea, y puede además ayudarnos especialmente a reasumir la responsabilidad filosófica a la que buena parte de la filosofía del siglo XX había renunciado"17. Como se puede apreciar, pues, en el examen que Nubiola hace del filosofar del último Wittgenstein, el criterio que se tiene para resolver si es pragmático o no, es también el de la orientación a la praxis. Para poner término a este recuento, que buenamente puede seguir extendiéndose a otros autores, podemos considerar el caso de Popper, que hemos citado al comienzo. Este enfrenta el problema de cómo considerar las expresiones que expresan una ley de la naturaleza. Ellas son universales, por lo cual, en su concepto no pueden ser consideradas propiamente como enunciados, puesto que los auténticos enunciados hablan de un hecho, cuyo sujeto es un objeto singular. ¿Qué son, entonces, si no son enunciados? La solución viable, según Popper, es considerarlas en un sentido pragmático. Lo propio de la solución pragmática que Popper propone consiste en considerar una ley de la naturaleza como una expresión de tipo práctico, esto es, como una expresión que sirve de directriz o instrucción para la acción. Este tipo de consideración es pragmática bajo dos respectos, primero porque atiende al uso de la expresión, preguntándose para qué sirven, y, segundo, porque ve en ella, de acuerdo a su uso, una directriz o norma para la acción. Un ejemplo ilustrativo de esta caracterización, según Popper, sería el siguiente: la ley que sostiene que las trayectorias de los proyectiles se comportan aproximadamente como parábolas proporciona las instrucciones para calcular o predecir la trayectoria de un proyectil en particular. Esta posibilidad de predicción de un caso particular que se puede hacer en virtud de una ley, como el de la trayectoria de los proyectiles, mostraría en forma suficiente su carácter pragmático, permitiendo considerarla como una suerte de instrucción práctica. Ahora bien, también los enunciados singulares pueden ser considerados, a su vez, como una instrucción para la acción. Así, por ejemplo, el enunciado singular: "La trayectoria de este proyectil tendrá aproximadamente la forma de una parábola (más exactamente, la de una curva balística)", obtenido de la ley general aludida, puede servir para enunciar este otro pronóstico: "El proyectil va a rebotar en aquel lugar". Ahora bien, también un enunciado auténtico, esto es un enunciado acerca de un hecho particular puede ser considerado como una prescripción de qué hay que hacer para llevar a cabo una acción particular. Así, por ejemplo, según Popper, si se dice a alguien que no conoce una habitación: "a la izquierda, en el rincón, está el interruptor de la luz", puede tener el sentido de un 'imperativo hipotético', a saber: "si quieres encender la luz, debes ir al rincón, a la izquierda y apretar el interruptor". Según este análisis, no habría razón suficiente para calificar a las leyes naturales como pseudoenunciados; por la sola razón de que pueden tener el sentido de instrucciones para algún tipo de acción, puesto que también los enunciados auténticos pueden ser interpretados en tal sentido. Popper concluye, de este modo, que si los enunciados auténticos son instrucciones para la acción, también las leyes de la naturaleza pueden considerarse como enunciados auténticos, en virtud de ser también ellas instrucciones para la acción18. Tras esta exposición de la consideración pragmática de Popper acerca de las leyes de la naturaleza, y de paso también de los enunciados, se ve claramente que entiende por pragmatismo, al igual que los autores anteriores, una orientación a la praxis de lo que se dice o piensa.

Si volvemos a la caracterización que hace Mas de la filosofía pragmática, a saber, aquella que "sostiene que los conceptos y la fijación de las creencias y del significado se vinculan con la práctica"19, vemos que ella puede entenderse, como hemos visto, en un sentido determinado. Así en el recorrido que hemos hecho hasta ahora, hemos visto que se entiende por filosofar pragmático, en términos generales, filosofar para la praxis, filosofar para ser aplicado o puesto en práctica, en la medida que está orientado a determinar la acción. Pero la vinculación del pensar con la praxis puede entenderse también en otro sentido, inverso al anterior; vale decir, filosofar desde la praxis y no para la praxis. En las líneas que siguen se pretende indagar acerca de este otro sentido en que se puede entender el filosofar pragmático. Según Brandom, hay una suerte de pragmatismo en Kant en lo que respecta a su concepción del juicio. Kant propone como actividad básica del conocimiento el acto de juzgar, estableciendo así una 'prioridad pragmática de lo proposicional', pero de modo que "cualquier discusión acerca de contenidos debe partir con los contenidos del juicio, en razón de que todo lo demás sólo tiene contenido en la medida de que contribuye a los contenidos del juicio"20. Esta concepción del juicio rompe con la tradición que considera "que el orden propio de la explicación semántica se inicia con la doctrina de los conceptos o términos, divididos en singulares y generales, cuyo significado puede ser captado independientemente de y antes que el significado de los juicios"21. Para Kant, en cambio, la explicación semántica parte del acto de juzgar, y así el significado de los elementos del juicio se explica por su contribución al significado del contenido proposicional del acto básico del conocimiento, esto es, el acto de juzgar. Lo que Brandom quiere recalcar aquí es el pragmatismo semántico de Kant, que consiste en tomar como base el acto básico en que los elementos semánticos ocurren, y a partir de éste explicar a estos últimos. En resumen, se trata de un pragmatismo en sentido inverso del que se vio anteriormente. Aquí la reflexión semántica se funda en un tipo de acto, y no es una reflexión que intenta determinar algún tipo de praxis. En otras palabras, se trata de un pragmatismo desde la praxis y no para la praxis. Está claro que en el caso de Kant se trataría de un pragmatismo restringido a la semántica. Brandom considera que este pragmatismo semántico iniciado por Kant es retomado por Frege y reforzado por Wittgenstein. Brandom destaca el hecho de que Frege desde temprano rechaza la concepción del juicio como composición de elementos previos, esto es, conceptos22. Pero para Brandom esto no es todo en el caso de Frege. Este consideraría como acto aún más básico que el juicio, el de la inferencia: "El inicia su investigaciones semánticas, no con la idea de referencia, sino con el de inferencia. Su primera obra semántica, Begriffschrift de 1870; considera como su tarea la expresión explícita de roles inferenciales: "Estos roles inferenciales forman la base de su noción de contenido. Es porque los tipos de contenido que son asociados con expresiones que han de ser definidas en primer lugar en términos de inferencia que Frege debe insistir en la distinción entre tipos de contenidos que pueden, y aquellos que no pueden, servir como premisas y conclusiones de inferencias, y juegan así el tipo básico de rol inferencial"23. Es decir, Frege, según Brandom, sigue la línea pragmática iniciada por Kant, pero da un paso más, al considerar el acto de inferencia como el acto básico del conocimie