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Revista Observaciones Filosóficas


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art of articleart of articleJohn Searle y el Rol de la Intencionalidad en la construcción de significado: de los actos del habla al contenido mental1

Mag. Liliana Vásquez Rocca - Pontificia Universidad Católica de Valparaíso - Becaria CONICYT
Resumen
La noción de Intencionalidad ha sido abordada desde diversas perspectivas en la tradición filosófica. Autores como Descartes, Brentano y Husserl han cimentado las bases del entendimiento de los estados intencionales, sin embargo, en la propuesta más actual de John Searle, encontramos una manera novedosa y sugerente de entender el vínculo que existe entre intencionalidad y significado, para el ámbito de la lingüística. Por ello, el trabajo que se presenta a continuación, pretende proponer una respuesta a la pregunta ¿qué relaciones se establece entre la Intencionalidad -contenido- de los conceptos y pensamientos y el significado -contenido- de los signos lingüísticos y enunciados?. Esta indagación se realizará a partir de la teoría de la Intencionalidad propuesta por Searle, que viene a proponer una variante notable para la elaboración de una explicación teórica del significado en el uso del lenguaje. Con ello, a través de una revisión bibliográfica pertinente, se pretende respaldar la tesis de que el significado se deriva de la intencionalidad original de la mente.


Abstract
The notion of intentionality has been addressed from various perspectives in the philosophical tradition. Authors as Descartes and Brentano, Husserl have cemented the foundations of understanding of intentional states, however, in the latest proposal from John Searle, find a new and suggestive way of understanding the link between intentionality and meaning, to the field of Linguistics. For this reason, the work that is presented below, it intends to propose an answer to the question what relationships is between - content - intentionality of the concepts and thoughts and the meaning - content- sign language and statements?. This inquiry will be made from the theory of intentionality proposed by Searle, who comes to propose a notable variant for the elaboration of a theoretical explanation of the meaning in the use of the language. Thus through a relevant literature review, se aims to support the thesis that the meaning se derives of the original intent of the mind.

Palabras claves

Intencionalidad, significado, actos de habla, mente, conceptos

Keywords

Intentionality, meaning, acts of speech, mind, concepts


1. Introducción

Como ya lo había anticipado Descartes y profundizado Brentano, sabemos con Husserl que los actos de conciencia poseen una estructura bipolar. Brentano sostuvo que un acto mental tiene, de forma inherente, un contenido intencional (Bechtel, 1991). Así toda conciencia queda caracterizada por apuntar a un objeto (lo percibido, lo recordado, lo amado, etc.). Pertenece pues, a la naturaleza de la conciencia tender a la relación con la ‘cosa’, una que la descripción fenomenológica deberá precisar. Así por ejemplo, el acto de ver, aun en el infortunio de la alucinación, tiene lugar con referencia a una ‘cosa’, supuestamente presente. Igualmente, el acto de sufrir o el dudar poseen un modo propio de referirse a algo. Es precisamente esta relación a algo ‘otro’ el carácter relacional o lo que Husserl llama intencionalidad de la conciencia (Jorba-Grau, 2011).

Para autores como Husserl la Intencionalidad no es sólo intrínseca a la conciencia, sino a priori respecto de su objeto, lo que supone que la conciencia se funda desde sí misma, esto quiere decir que tanto la manifestación de su objeto como la constitución de este fenómeno –la Intencionalidad– se dan al unísono en la vivencia (Husserl, 1967).

Los filósofos que han considerado la conciencia como una ‘cosa’ han caracterizado la Intencionalidad de la conciencia, describiéndola como un conjunto de funciones, “[…] como un foco de actividades o actos encaminados a algo: hacia aquello de lo que la conciencia es consciente”.2

Si examinamos, ahora, la concepción de Searle (1992) –filósofo contemporáneo- acerca de la Intencionalidad de las llamadas actitudes proposicionales (creencias y deseos) es posible adelantar que ellas se constituyen de un contenido proposicional (una representación proposicional) en un cierto modo psicológico. El contenido proposicional determina sus condiciones de satisfacción, como por ejemplo, la proposición ‘La nieve es blanca’ tiene las siguientes condiciones de satisfacción: es verdadera si y solo si existe un objeto que cae bajo la extensión del concepto ‘Nieve’ y este objeto que cae bajo la extensión del concepto ‘Blanco’. Mientras que, el modo psicológico determina la dirección de ajuste de la mente en relación con el mundo, esto es, las creencias tienen dirección de ajuste mente-mundo; los deseos tienen dirección de ajuste mundo-mente y existe estados intencionales sin dirección de ajuste como las disculpas.

Es así que para Searle (1992):

“[…] la Intencionalidad es aquella propiedad de muchos estados y eventos mentales en virtud de la cual éstos se dirigen a, o son sobre o de, objetos y estados de cosas del mundo. Si, por ejemplo, tengo una creencia, debe ser una creencia de que tal y tal es el caso; si tengo un temor debe ser de algo o de que algo ocurrirá; si tengo un deseo, debe ser un deseo de hacer algo, o de que algo suceda o sea el caso; si tengo una intención, debe ser una intención de hacer algo. Y así con muchos otros casos”.3

Searle (1992), como se ha apuntado, sigue una larga tradición filosófica al llamar a este rasgo de direccionalidad o de ser sobre “Intencionalidad”, pero en muchos aspectos el término es engañoso y la tradición un poco confusa, de allí la necesidad aclarar cómo Searle intenta usar el término y distanciarse así de ciertos rasgos de la tradición.

Según Searle (1992), su teoría de la intencionalidad le permite resolver varios problemas filosóficos. El primero de ellos es lo que se podría denominar el problema del estatus de los estados intencionales. El autor considera que estos estados son básicamente un contenido proposicional en un cierto modo psicológico. En tanto estados intencionales, las creencias y deseos no son físicos aunque sean causados y realizados en la estructura del cerebro. Los estados intencionales serían a un cierto nivel de análisis estados cerebrales pero si los analizamos utilizando propiedades mentales como la Intencionalidad, entonces estos estados pasan a tener propiedades que los estados físicos no tienen como, por ejemplo, propiedades lógicas. Por ende, examinar los estados intencionales utilizando conceptos mentales implica examinarlos utilizando conceptos semánticos o conceptos que se aplican también al análisis del lenguaje humano (Searle, 1992).

Otro problema que, según Searle (1992), se resuelve de manera elegante con su teoría de la Intencionalidad es el viejo inconveniente sobre el estatus ontológico de los objetos intencionales. Meinong había sugerido que a los objetos de la intencionalidad humana se les otorgara un estatus especial dado que podemos pensar e inclusive hablar sobre objetos inexistentes, por ejemplo, Pegaso y también sobre objetos imposibles, como el círculo-cuadrado. El autor propuso el estatus de no existentes pero subsistentes a los objetos intencionales (Bechtel, 1991). En oposición a estos planteamientos que otorga un estatus ontológico distinto a los objetos intencionales de aquél que tienen los objetos del mundo real, Searle propone una teoría más económica: los objetos de la intencionalidad humana son los objetos reales; no hay ninguna diferencia ontológica entre ellos. Lo que sí hay que distinguir, según Searle (1992), es el contenido proposicional de los estados intencionales y aquellas cosas en el mundo que son los objetos de tales estados. La distinción crucial es entre representación de objetos y los objetos mismos: los estados intencionales son representaciones de los objetos y como tales pueden fallar en representarlos correctamente, en cuyo caso los objetos representados pueden no existir.

A partir de estas consideraciones iniciales, Searle (1983), plantea una de sus principales tesis, señalando que el vínculo con el objeto se realiza mediante el contenido Intencional que posee el estado Intencional. Si lo centramos en el ámbito de la lingüística, Searle (1992) propone que el lenguaje se relaciona con la realidad a través de los actos ilocutorios. Para el autor, realizar un acto ilocutorio significa un enunciado con fuerza ilocutoria, donde esta última es definida como una intención comunicativa. “Prometer, hacer votos, amenazar o dar palabra de honor (de que A) cuenta con una expresión de intención (de hacer A)”.4 Visto desde esta perspectiva, la relación entre el lenguaje y la realidad es un caso, entre otros, de la relación de la mente y el mundo.

Hablar de la teoría de la mente de Searle (1992) necesariamente requiere abordar la cuestión de la consciencia. En efecto, para el autor señalado, el carácter mental de los fenómenos va determinado por su carácter consciente, o al menos potencialmente consciente. En la teoría searleana, una caracterización de la consciencia equivale pues de facto a una caracterización de los estados mentales en general.

Por ello, es necesario precisar que los estados intencionales no se relacionan con la realidad como lo puede hacer las palabras, por ejemplo no es posible que una determinada creencia se de en una y otra orientación, puesto que su contenido Intencional fija sus condiciones de satisfacción. Creer que el sol es rojo, no puede utilizar para ‘significar’ que el burro es gris.

“The intentionality of language has to be explained in terms of the intentionality of the mind has imposed intentionality on these sounds and marks that they refer to the objects and events that I have mentioned. The meaning of lenguage is derived intentionality and it has to be derived from the original intentionality of the mind”.5

Así –de acuerdo a lo expuesto– el trabajo en curso se ordena a esbozar una respuesta al tipo de relación que se establece entre la Intencionalidad –contenido- de los conceptos y pensamientos y el significado –contenido- de los signos lingüísticos y enunciados. Esta indagación se realizará a partir de la teoría de la Intencionalidad propuesta por Searle (2004) que viene a proponer una variante relevante para la elaboración de una explicación teórica del significado en el uso del lenguaje. Con ello, se pretende respaldar la tesis de que el significado se deriva de la Intencionalidad original de la mente.

En primer lugar, se partirá definiendo, desde la perspectiva de la psicología cognitiva qué tiene Intencionalidad y qué no. En este último ámbito encontramos, por ejemplo, los dolores o las angustias. Posteriormente, se propone analizar la concepción de la Intencionalidad de Searle (2004) entendiendo a la mente como fenómeno biológico, y consecuentemente, su visión naturalista.

Continuaremos con el análisis de las estructura de los estados intencionales, incluyendo un paralelismo entre actos de habla y estados mentales, entendiendo que los estados mentales intencionales son precisamente lo que expresamos por medio de nuestros actos de habla. También la dirección de ajuste y las condiciones de satisfacción, propuestas por Searle, la causación intencional, para ver por último, el trasfondo de la Intencionalidad.

Finalmente, se examinará la relación entre Intencionalidad y significado para esbozar una respuesta de cómo se entiende la relación en pensamiento y lenguaje desde la perspectiva de Searle (2004). Para el autor, la Intencionalidad del lenguaje debe ser entendida en términos de la Intencionalidad de la mente, puesto que es solo en virtud del hecho que la mente impone Intencionalidad, que es posible que se refieran, o sean sobre objetos o estados de cosas. Por consiguiente, el significado del lenguaje se deriva intencionalmente a partir de una teoría general de la Intencionalidad.

2. Qué tiene Intencionalidad y qué no.

Como hemos definido inicialmente, la Intencionalidad es el rasgo mediante el cual los procesos mentales se dirigen a, o son sobre, o se refieren a objetos y estados del mundo que son distintos a ellos mismos. En este sentido, no sólo entran las intenciones ‘estrictas’, sino que comprende deseos, sentimientos, creencias, etc. Podríamos mencionar que encierra la totalidad de los procesos mentales que se refieren a algo.

La pregunta central, entonces es definir qué tiene Intencionalidad y qué no. En este sentido, Searle (1992) es claro en señalar que no todos los estados mentales tienes Intencionalidad. Si tienen, los estados mentales tales como: creencias, deseos, intenciones, expectativas, miedos, alegrías, etc. Sin embargo, no presentan Intencionalidad los dolores o las angustias. También, no poseen Intencionalidad las acciones en la medida en que las razones de esos actos son las creencia, deseos, expectativas de los individuos que producen esa acción.

El autor es claro, sólo algunos estados mentales tiene Intencionalidad, esto porque existen estados como la angustia, el nerviosismo o la dicha que no son intencionales.

“Una clave de esta distinción la proporciona las constricciones sobre cómo se informa de estos estados. Si te digo que tengo una creencia o un deseo, siempre tendría sentido que preguntes ‘¿Qué es lo que deseas?’ Y no valdría el que yo diga ‘Oh, sólo tengo una creencia o un deseo sin creer o desear nada’. Mis creencias y deseos debe ser siempre sobre algo”.6

En segundo lugar, Searle (2001) señala que es necesario comprender que la consciencia no es lo mismo que la Intencionalidad, si bien se esconden una tras el otro, no son lo mismo, ni uno está incluido en el otro.

Tercero, cuando Searle (2001) utiliza el término Intencionalidad no está pensando en el tratamiento común de ‘tener intención de’ o bien, de las ‘intenciones’, más bien se trata de un tipo de Intencionalidad, entre otros, pero no presentan un lugar especial en la concepción del filósofo.

Adicionalmente a lo expuesto, el autor plantea que los estados intencionales tienen un contenido representativo y distinto a los objetos asociados a ese contenido, esto se traduce, por ejemplo, en el contenido de una creencia: El rey de Francia es calvo, donde la proposición se observa, pero el objeto no existe.

Para Searle (2001) no se puede proponer que la Intencionalidad de la mente se explique a partir de la Intencionalidad del lenguaje, porque es justamente al contrario, la Intencionalidad del lenguaje está marcada por la Intencionalidad mental.

3. La mente como fenómeno biológico

El rasgo más esencial y primario de las mentes es la conciencia, entendida como:

“[…] aquellos estados de sensación o autopercepción que suelen iniciarse cuando despertamos por la mañana después de dormir sin soñar y prosiguen a lo largo del día hasta que nos volvemos a dormirnos”.7

Según el autor, los estados conscientes son internos, subjetivos (siempre son experimentados por un sujeto animal o humano), en primera persona y cualitativos (provoca una determinada sensación).

Searle (2001) adopta la visión naturalista sosteniendo que los estados, procesos y eventos intencionales son parte de la historia biológica de algunas especies. De esta manera, las formas de Intencionalidad asociadas al lenguaje y al significado no son otra cosa que estados intencionales complejos basados, como los otros estados intencionales, en mecanismos biológicos.

Desde su perspectiva, los estados intencionales son causados y son realizados en la estructura del cerebro. Las causas están asociadas a estados neurofisiológicos. “La Intencialidad-con-c es esa propiedad de la mente (cerebro) por la cual es capaz de representar otras cosas […]”.8

En este sentido, se puede sostener que los estados intencionales tienen lugar en el cerebro:

“[…] a saber, en el hecho comprobado de que los procesos psicológicos, que constituyen la capacidad de acción racional consciente, tienen lugar en el cerebro y se pueden investigar como tales. Para los fines de la investigación neurobiológica, basta con el estudio del cerebro como mecanismo causal y ubicación anatómica”.9

Searle (2001) imagina a la mente y los estados mentales como estados biológicos de alto nivel en el organismo. Por ejemplo, un dolor existe en la medida que es experimentado por un individuo. Uno de los puntos centrales de su planteamiento es concebir a la conciencia como un proceso biológico, “[…] los procesos conscientes son procesos biológicos”.10

Lo importante de este punto es señalar que la característica más relevante de la conciencia es que existe un nexo esencial entre la conciencia y la capacidad que tenemos los seres humanos de representarnos objetos y estados de cosas en el mundo, esto es precisamente lo que se ha denominado Intencionalidad.

“Intencionalidad es aquella característica de la mente mediante la cual lo estados mentales se dirigen a, o tratan de, o se refieren a, o apuntan a estados de cosas en el mundo. Es una característica peculiar en la medida en que en realidad no es preciso que el objeto exista para ser representado por nuestro estado intencional. Así, un niño puede creer que los Reyes Magos vendrán en Navidad incluso aunque los Reyes Magos no existan”.11

Ahora bien, como hemos indicado, para Searle (2001) no todos los estados conscientes son intencionales, pero es fundamental pensar que solo entendemos la Intencionalidad en función de la conciencia, es decir que:

“En lo que respecta a enfrentarse al mundo, la característica importante de la consciencia es que está vinculada esencialmente a la Intencionalidad […]”.12

El papel evolutivo primario de la mente es relacionarnos de determinadas formas con el entorno, en especial con otras personas y el nombre con el que Searle (1992) ha concebido este tipo de relación es la Intencionalidad.

“[…] creo que los estados Intencionales, procesos y eventos son parte de nuestra historia biológica del modo en que la digestión, el crecimiento y la secreción de bilis son parte de nuestra historia biológica”.13

Sin embargo, la Intencionalidad difiere de otros fenómenos biológicos en que posee una estructura lógica, una organización. Para ello, a continuación, se analiza esta organización propuesta por el autor.

4. Estructura de los estados intencionales

Las teorías de la Intencionalidad surgen a partir de las preguntas filosóficas sobre la naturaleza de la mente, por ejemplo, buscan dar explicación a estados mentales como recordar, desear, sentir, pretender, entre otros. La Intencionalidad se entiende, en términos generales, como la capacidad de la mente de ser acerca de o representar objetos, hechos o propiedades.

Para Searle (1992) la Intencionalidad es:

“aquella característica de ciertos estados mentales y eventos que consiste en estar dirigidos hacia, referirse a, ser acerca de, o representar otras entidades o estados de cosas del mundo”.14

La Intencionalidad, en este sentido, está vinculada con el mundo a través de los actos de habla e incluso podemos realizar un análisis de los elementos que comparten y aquellos que los separar para posteriormente ver cómo se manifiestan en el significado.

4.1. Paralelismo entre actos de habla y estados mentales.

En primer lugar, Searle (2001) sostiene que es necesario distinguir entre los actos ilocutorios, que son los vinculados a la Intencionalidad, y los efectos o consecuencias que este tipo de actos tienen en quienes los escuchan. Efectivamente, se puede lograr que el oyente haga lo que se está pidiendo o bien, al discutir con alguien, puedo persuadirlo. A esto Austin (1971), lo ha definido como actos perlocucionarios. Sin embargo, Searle propone ir más allá de los efectos inmediatos en el que escucha el enunciado, vislumbrando las ulteriores consecuencias o efectos de las acciones. Por lo tanto, los actos ilocutorios tienen que ser realizados intencionalmente, a diferencia de los actos perlocucionarios. Se podría persuadir a alguien de algo o molestarlo sin tener la intención de hacerlo necesariamente.

“El hecho de que los actos ilocutorios sean esencialmente intencionales, mientras que los actos perlocucionarios pueden serlo o no, es una consecuencia del hecho de que el acto ilocucionario es la unidad de significado de la comunicación”.15

Ahora bien, además de la distinción que se ha realizado sobre los actos ilocucionarios y perlocucionarios mencionada por Searle (2001), también es preciso distinguir al interior del acto ilocucionario un contenido del acto y el tipo de acto y esto es correlativo a los estados intencionales, en el sentido que también posee un contenido proposicional y un tipo de estado mental.

Los estados mentales intencionales son precisamente lo que expresamos por medio de nuestros actos de habla. Por ejemplo, cuando decimos: ¡Váyase, Señor Pérez! lo que estoy haciendo es expresar el deseo que el Sr. Pérez se vaya. También si pregunto ¿Se va, Señor Pérez?, estoy manifestando el deseo de saber si el Sr. Pérez se va o no. Asimismo, si afirmo ‘El Sr. Pérez se va’, lo que estoy diciendo expresa la creencia que el Sr. Pérez se va.

En los ejemplos planteados se observa claramente el enfoque de Searle (1992), al señalar que la fuerza (o el tipo) de acto de habla y el modo psicológico y el contenido proposicional del acto son igualmente válidos en el ámbito de los estados mentales.

“[…] los pasos necesarios para poder ir de la posesión de los estados Intencionales a la realización de actos ilocutorios convencionalmente llevados a cabo son: primero la expresión deliberada de estados Intencionales con el propósito de hacer saber a otros que uno los tiene; segundo, la realización de estos actos para el logro de los objetivos extralingüísticos para los que sirven los actos ilocucionarios de manera estándar, y tercero, la introducción de procedimientos convencionales que convencionalicen los objetos ilocucionarios que corresponder a los diferentes objetivos perlocutorios”.16

Todo acto del habla, pero también todo estado mental intencional, combina una fuerza con un contenido: una proposición.

En consecuencia, Searle (2001) afirma que tanto los actos ilocucionarios, el significado y la intención está mutuamente vinculados. Es aquí entonces, donde se puede plantear la interrogante acerca de cómo la mente le confiere significado a simples marcos o sonidos. Podemos esbozar una respuesta inicial que se desarrollará en el punto 5 de este trabajo.

“El lenguaje se relaciona con la realidad en virtud del significado, pero el significado es la propiedad que convierte las meras expresiones en actos ilocucionarios. Los actos ilocucionarios tienen significado en un sentido muy especial de la palabra y es ese tipo de significación lo que permite al lenguaje relacionarnos con la realidad”.17

Esta relación entre lenguaje y realidad se manifiesta en diversas direcciones de acuerdo a lo que acto ilocucionario manifiesta y que está determinado por la Intencionalidad.

4.2. Dirección de ajuste y condiciones de satisfacción

Una de las principales características que propone Searle (2001) respecto de la mente es su capacidad de relacionarnos con el mundo mediante la Intencionalidad. Así, se puede señalar que Searle (2001) plantea que la misma forma en que todo acto de habla tiene una dirección de ajuste entre la mente y el mundo, todo estado mental intencional tiene igualmente una. Cabe señalar, que la conceptualización de ‘dirección de ajuste’ fue acuñada por Austin (1971) para la explicación de los actos de habla propuesta en su teoría.

Según el planteamiento de Searle (2001), en los actos de habla existen enunciados como afirmar, describir, negar, etc. en los cuales la dirección de ajuste es desde la mente hacia el mundo. “Por expresarlo así, es responsabilidad de la creencia concordar con un mundo que existe de forma independiente”.18

En segundo término, se encuentran los deseos e intenciones cuya dirección de ajuste es del mundo hacia la mente, esto porque no es responsabilidad del deseo o de la intención, sino más bien del mundo que no concuerda con el deseo.

Por último, existen un tercer grupo de actos de habla en donde no se puede reflejar una dirección de ajuste, como por ejemplo en las disculpas o las felicitaciones, etc.

De esta misma forma, en los estados intencionales, hay algunos cuya dirección es de mente-mundo, como por ejemplo las creencias y de mundo a mente en el caso de los deseos y también existen estados intencionales sin dirección de ajuste, del tipo cuando uno se lamenta o está contento respecto de algo.

Expuesto lo anterior, se puede sostener que tanto con los estados intencionales como con los actos de habla, cuya dirección de ajuste es de mente-mundo, lo que hacemos es acercarnos a cómo es el mundo. En cambio, en el caso de la dirección mundo-mente lo que buscamos es ‘construir’ el mundo o más bien aproximarnos a cómo deseamos que él sea.

“Las creencias, percepciones y recuerdos tienen direcciones de ajuste mente-a-mundo, porque su objetivo es representarse cómo son las cosas; los deseos e intenciones tienen la dirección de ajuste palabra-a-mundo porque su objetivo no es representarse cómo son las cosas, sino cómo desearíamos que fueran o cómo planeamos que sean”.19

Para comprender de manera más íntegra las diferentes opciones de dirección de ajuste en el caso de la Intencionalidad en el Lenguaje, se pueden observar los siguientes ejemplos: palabra-a-mundo: el enunciado ‘El Sr. Pérez se va’, se refiere a una creencia, mundo-al-lenguaje/pensamiento: órdenes, promesas, ruegos, ‘¡Váyase Sr. Pérez!’. Por último, la dirección nula: felicitar o disculparse, ‘Me excuso, Sr. Pérez’.

Searle (2001), plantea que la clave para comprender la intencionalidad son las condiciones de satisfacción:

“Un estado intencional queda satisfecho si el mundo es tal como el estado intencional representa que es. Las creencias puede ser verdaderas o falsas, los deseos cumplirse o frustrarse, las intenciones llevadas a cabo o no. En cada caso, el estado intencional es satisfecho o no dependiendo de si existe de hecho una adecuación entre el contenido proposicional y la realidad representada”.20

El contenido proposicional del acto de habla y de un estado intencional es una proposición, en sentido fregeano. Ahora bien, la pregunta que surge aquí es: qué representa ese contenido proposicional. Desde la perspectiva de Searle (2001), el contenido proposicional representa las condiciones de satisfacción del acto o estado por el mundo, en base a su dirección de ajuste. Según Searle (2001) existen dos clases de condiciones. Las condiciones donde el acto/estado es verdadero o falso: representa una situación o estado de cosas apropiada o inapropiadamente y en segundo término, las condiciones bajo las cuales el acto/estado es satisfecho o insatisfecho: obedecido, cumplido, culminado, mantenido, etc. Por lo anterior, las condiciones de satisfacción son lo que el acto y el estado mental representan.

El que un estado tenga determinadas condiciones de satisfacción es inseparable de que otros muchos estados tengan las suyas, por ejemplo, no puedo querer ir a mi casa sin creer que podré abrir la puerta de entrada, que el pasillo de entrada no se haya hundido, que lleve la llave correspondiente, etc.

4.3. Causación Intencional

En la estructura de la Intencionalidad la causación cumple un rol determinada y así lo señala el autor:

“Es esencial para el funcionamiento de la intencionalidad, y sin duda esencial para nuestra supervivencia en el mundo, que la capacidad de representación de la mente y las relaciones causales con el mundo se combinen de alguna forma sistemática. La forma en que lo hacen es la causación intencional”.21

Para Searle (2001), es posible abarcar los estados mentales como efecto y como causa y son resultado de los estados físicos. Para entender esto, es necesario modificar la idea dominante sobre la causalidad. En este sentido, el autor propone que la causación mental es un supuesto del actuar humano en la interacción con las demás en los diversos contextos de la vida.

“La intención queda satisfecha sólo sí la propia intención causa el resto de sus condiciones de satisfacción. Lograré llevar a efecto mi intención de levantar el brazo si: a) levanto de hecho el brazo y b) mi intención de levantar el brazo causa que levante el brazo”. 22

En la propuesta se Searle (2001), la causación intencional es crucial para comprender la explicación de la conducta humana y por ende entender las diferencias entre las ciencias naturales y lo que son las ciencias sociales.

4.4. Trasfondo de la Intencionalidad

Searle (1997) parte de la base que los estados intencionales no funcionan de manera aislada y esta tesis la ha desarrollado fuertemente en su texto “La construcción de la realidad social”. Aquí reafirma su tesis que los estados intencionales sólo funcionan dado un conjunto de capacidades del trasfondo, capacidades que no consisten ellas mismas en fenómenos intencionales.

El concepto de trasfondo para Searle (1997) es “[…] el conjunto de capacidades no intencionales o preintencionales que hacen posibles los estados intencionales de función”.23 El intento de explicitar ese trasfondo se traduce en proposiciones que resultan de alguna forma ‘triviales’ y que parecen desvirtuar su naturaleza.

Desde este punto de vista, hay dos formas de saber: Saber-qué: un conocimiento proposicional, de verdades por ejemplo, Santiago está en Chile, 4 más 5 es 9, etc. y por otro lado, el saber-cómo: una posesión o dominio de habilidades, por ejemplo cómo hablar en inglés, levantarse de la mesa, cómo ir al baño, etc.

En este sentido, la Intencionalidad se sustenta sobre un substrato de capacidades preintencionales: habilidades, formas de saber-cómo, no un saber-qué de las cosas, de entender para qué están ahí, de actuar sobre ellas, de ejercer distintas destrezas con ellas, etc.

“El argumento más simple en favor de la tesis del trasfondo es que el significado literal de cualquier sentencia sólo puede determinar sus condiciones de verdad, u otras condiciones de satisfacción, frente a un trasfondo de capacidades, disposiciones, habilidades, etc. que no son ellas mismas parte del contenido semántico de la sentencia”.24

Esto se puede visualizar por ejemplo, para que mi intención de comprar libros y almorzar pueda determinar lo que voy a hacer, en el sentido de determinar las condiciones de satisfacción, debo tener numerosas capacidades que no están en esa intención ni el resto de mis estados intencionales.

5. Intencionalidad y Significado. Cómo se entiende la relación entre pensamiento y lenguaje.

Para concluir este análisis sobre la teoría de la Intencionalidad propuesta por Searle, nos centraremos precisamente en cómo la Intencionalidad de la mente marca la construcción de significado.

El estudio del significado en el marco de la teoría de la Intencionalidad involucraría que la noción de significado puede ser concebida como una forma de Intencionalidad más primitiva o que no sean intrínsecamente lingüísticas, como las creencias, los deseos y las intenciones.

El origen de la propuesta de significado ligada a las intenciones de los hablantes, si bien, surgió con Paul Grice (1957), Searle se distancia de este análisis en dos aspectos importantes, en primer término, basa las nociones de significado y de actos de habla en una teoría más general de la mente y en segundo lugar, refuta la idea que las intenciones que importan para el análisis son aquellas que producen efectos en la audiencia.

Para el autor: "En nuestro análisis de los actos ilocucionarios debemos capturar tanto los aspectos convencionales como los intencionales y especialmente las relaciones entre ellos".25. Esto quiere decir que es necesario crear un puente entre el significado intencional que manifiesta un sujeto al pretender comunicarse y el uso que este sujeto realiza, a través del manejo de las reglas de uso de una lengua y que se manifiesta en las expresiones convencionalizados por el uso.

Desde la lógica de Searle (2001), los estados intencionales están relacionados sólo de un modo empírico con las experiencias psicológicas que las abarcan y que son propias de los individuos y que caracterizan las experiencias perceptuales, pero como estado intencional o contenido proposicional involucrando de esta forma actos mentales conscientes.

Es necesario señalar, también, que Searle (1992) ha establecido una distinción en la Intencionalidad primitiva, y la derivada. La Intencionalidad intrínseca (primitiva) es la que no se debe a ningún agente más, es decir, la que no viene asignada o atribuida por nada/nadie más. Un ejemplo de este tipo es la que poseen los estados de las mentes/cerebros de los seres humanos y otros animales. Por su parte la Intencionalidad derivado o extrínseca no es primitiva, por ejemplo, la que poseen los estados de los instrumentales como termómetro, computadores, etc.

A partir de esta propuesta, se indica que existe un doble nivel en la Intencionalidad. Ahora bien, en este último nivel el da la intención en la cual el acto de habla se ejecuta, es la Intencionalidad.

“Cómo impone la mente Intencionalidad, sobre entidades tales como sonidos y marcas que son, entidades de un sentido, simples fenómenos físicos del mundo como otros cualesquiera? Una emisión puede tener Intencionalidad, como una creencia tiene Intencionalidad, pero, mientas que la Intencionalidad de la creencias es intrínseca, la Intencionalidad de la emisión es derivada”.26

Se puede concluir que la intencionalidad de los pensamientos es primitiva -no se debe ni a nada ni nadie más- y que la intencionalidad del lenguaje es derivada. La consecuencia de ambas premisas es una asimetría tajante: las propiedades intencionales del lenguaje dependen de las del pensamiento.

Desde la base que las intencionales del lenguaje dependen de las del pensamiento, Searle (1992) ha sostenido que los significados están en la cabeza. Frege (1972) sostiene que una expresión se refiere a un objeto porque, a su juicio, el objeto satisface el referente asociado con esa expresión. Además planteó la existencia de un ´tercer reino’ de entidades abstractas: sentidos, proposiciones, entre otros.

“La comunicación en la emisión de una expresión sólo es posible porque tanto el hablante como el oyente pueden captar el sentido abstracto común asociado a la expresión”.27

La explicación de Searle respecto del tema, señala que la referencia lingüística se trata de un caso especial de Intencional y ésta se lleva a cabo siempre por medio de la relación de ajuste o satisfacción, pero para él no es necesario sostener que existe un reino metafísico especial para explicar la comunicación y la Intencionalidad compartida.

“Tanto la explicación fregeana del significado como la presente son internalistas en el sentido de que es en virtud de algún estado de la mente en la cabeza del hablante y del oyente –el estado mental de captar la entidad abstracta o simplemente de tener un cierto contenido Intencional- por lo que el hablante y oyente pueden comprender referencias lingüísticas”.28

Searle (1992), en este sentido rechaza la tesis de Hilary Putman) sobre la existencia de los significados fuera de la cabeza. Esto sobre la base de la tesis de que el significado determina la referencia.

“La clave del significado es simplemente que puede ser parte de las condiciones de satisfacción (en el sentido de ser un requisito) de mi intención que sus condiciones de satisfacción (en el sentido de las cosas requeridas) deberían ellas mismas tener condiciones de satisfacción”.9

Para Searle (1992), el significado existe solo donde hay una distinción entre el contenido Intencional y la forma de su exteriorización, y preguntar por el significado es preguntar por un contenido Internacional unidad a la forma de su exteriorización. Preguntar por el significado implica preguntar por un contenido intencional

“…el significado de los hablantes sería enteramente definible en términos de formas más primitivas de Intencionalidad. Y la definición no es trivial en este sentido: definimos el significado del hablante en términos de formas de Intencionalidad que no son intrínsecamente lingüísticas”.30

El autor propone que las intenciones que importan para el significado no son las que producen los efectos sobre auditorios. En este sentido, para clarificar las intenciones de significado es necesario distinguir entre intenciones previas e intención en la acción, el carácter causal y autorreferencial de las intenciones y la presencia de condiciones causales como de no causales en intenciones complejas (Searle, 1992).

“La Intencionalidad de la mente no sólo crea la posibilidad del significado, sino que limita su forma”.31 De esta manera, el análisis del significado debiera mostrar las posibilidades y limitaciones del significado derivan de la Intencionalidad de la mente.

A partir de la perspectiva de Searle (1992), se puede sostener que el núcleo del significado es la representación, en el sentido que la función primordial que logra a partir de la Intencionalidad:

“Puesto que el significado lingüístico es una forma de Intencionalidad derivada, sus posibilidades y limitaciones son establecidas por las posibilidades y limitaciones de la Intencionalidad. La función principal del lenguaje obtiene en la Intencionalidad, es, obviamente, su capacidad de representar. Entidades que no son intrínsecamente Intencionales pueden convertirse en Intencionales decretando, por así decir, intencionalmente que son así. Pero las limitaciones del lenguaje son precisamente las limitaciones que vienen de la Intencionalidad”.32

Searle (1983) se plantea mostrar cómo el significado es posible y cómo se limita por la Intencionalidad. El autor nos ejemplifica esta relación de la siguiente forma:

"Why is it that we have performative utterances for apologizing, stating, ordering, thanking, and congratulating -in which we can perform an act by saying that we are performing it- "but we do not and could not have a performative for, for example, frying an egg? If one says 'I apologize' one can thereby apologize, but if one says 'I fry an egg' no egg is so far fried. Perhaps God could fry an egg simply by uttering such a performative sentence, but we can't. Why not?".33

El concepto de significado para Searle (2001) existe sólo cuando hay una distinción entre el contenido intencional y la forma de su externalización, y requerir o buscar el significado es buscar el contenido externalizado de la Intencionalidad.

Finalmente, con esto Searle (2001), se distancia de definiciones de significado que sólo incluyen un análisis sobre el propósito del enunciado y el efecto que generar en una determinada audiencia y enfatiza su tesis sobre que la Intencionalidad significado del lenguaje se deriva de la Intencionalidad original de la mente.



Liliana Vásquez Rocca

- Licenciada en Comunicación Social; Periodista PUCV. Magister en Filosofía. Cursa el Programa de Doctorado en Lingüística de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso en calidad de Becaria CONICYT. Se desempeña como Académica - Investigadora de la Vicerrectoría de Investigación y doctorados de la Universidad Andrés Bello UNAB.


BIBLIOGRAFÍA
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Searle, J. (2004). Mind. Oxford: Oxford University Press.
Valdés, L. (1991). La búsqueda del significado. Madrid: Tecnos.


Recepción: 20 de junio de 2012

Aceptación 2 de agosto de 2012


1 Artículo de Liliana Vásquez Rocca, resultado del informe de Avance del Doctorado en Lingüística Aplicada - 2012 - de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en su calidad de Becaria CONICYT
2 García, Emilio, Mente y Cerebro. Editorial Síntesis, Madrid, 2001, p. 289.
3SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 17
4 SEARLE, John, Actos de Habla, Cátedra, Madrid, 1994, p. 73.
5 SEARLE, John, Mind, Oxford University Press, Oxford, 2004, p. 113.
6 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 17
7 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 46.
8 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 38
9 BENETT, M., DENETT, D., HACKER, P. & SEARLE, J. La naturaleza de la conciencia. Cerebro, mente y lenguaje. Paidós, Barcelona, 2008, p. 150.
10 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 56.
11 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 65.
12 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 80.
13 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 168.
14 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 17.
15 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 125.
16 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 186.
17SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 126.
18 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 94.
19 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 95.
20 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 96.
21 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 97.
22 SEARLE, John, Mente, lenguaje y sociedad. La filosofía en el mundo real, Alianza Editorial, Madrid, 2001, p. 98.
23 SEARLE, John, La construcción de la realidad social, Paidós, Barcelona, 1997, p.141.
24 SEARLE, John, La construcción de la realidad social, Paidós, Barcelona, 1997, p.142.
25 VALDES, Luis, La búsqueda del significado, Tecnos, Madrid, 1991, p. 440.
26 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 41.
27 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 201.
28 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 204.
29 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 42.
30 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 168.
31 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 174.
32 SEARLE, John, Intencionalidad. Un ensayo en la filosofía de la mente. Tecnos, Madrid, 1992, p. 182.
33 SEARLE, John, Intentionality. An essay in the philosophy of mind, Cambridge University, Cambridge, 1983, p.38.

Revista Observaciones Filosóficas - Nº 13 / 2011




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